88 de cada cien jóvenes de Castilla y León cumplen los 30 en casa de sus padres

88 de cada cien jóvenes de Castilla y León cumplen los 30 en casa de sus padres

La tasa de emancipación cayó en 2025 hasta el nivel más bajo desde 2007

El titular es demoledor: «La tasa de emancipación juvenil en Castilla y León cae al 11,4 % en 2025 y alcanza su nivel más bajo desde 2007». Eso es lo primero que se lee en la comunicación que llega a la prensa desde el Consejo Económico y Social tras dar a conocer los datos del Observatorio de Emancipación correspondientes al año pasado.

Detrás de esos datos, que nacen del análisis de los consejos de la juventud de Castilla y León y España, asoma una dolorosa realidad social que provocan los desbocados precios de la vivienda, de la gasolina, de la cesta de la compra, y unos salarios tan justos, en ocasiones indignos, que no dan para plantearse una vida por tu cuenta si tienes menos de treinta, porque si tienes menos de treinta años y has conseguido independizarte, formas parte de un 11,4 por ciento de afortunados: eres uno o una de l@s 35.667 de un total de 311.634 personas jóvenes de Castilla y León, y eso es un 13,2% menos que el año anterior.

El inalcanzable sueño de la independencia

Según los datos que analizan la situación de las personas jóvenes de Castilla y León en lo que respecta a empleo, educación y vivienda, la comunidad autónoma ha retrocedido casi veinte años para quienes luchan por el actualmente casi inalcanzable sueño de la independencia.

En 2025, solo el 11,4 % de la población joven de entre 16 y 29 años residente en Castilla y León estaba emancipada. Por sexos, los hombres presentaban una mayor tasa de emancipación que las mujeres, con un 12,4 % frente al 10,3 %. Para ellas, el descenso no es de 2,2 puntos porcentuales, que es la media, sino de 6,7. La brecha de género, por tanto, se perpetúa a lo largo de los años, e incluso se incrementa.

El caballo de batalla de una casa donde vivir

El elevado coste de la vivienda continúa siendo uno de los principales obstáculos para la emancipación juvenil. El precio medio del alquiler en Castilla y León alcanzaba en 2025 los 744 euros mensuales, un 9,4 % más que en 2024. A ello se suma la insuficiencia de los ingresos de la población joven para afrontar estos costes. Una persona joven tendría que destinar de media el 68,3 % de su salario neto mensual al alquiler de una vivienda en solitario, una proporción que aumenta hasta el 93,9 % entre las personas de 16 a 24 años.

Por provincias, Segovia —probablemente por su cercanía a Madrid, donde los precios son inasequibles— presentaba la situación más desfavorable, con un coste del alquiler equivalente al 91 % del salario de una persona joven.

Estas cifras evidencian la falta de correspondencia entre los salarios y los precios del mercado inmobiliario. Como alternativa, compartir vivienda tampoco está exento de dificultades económicas. En las capitales de provincia de Castilla y León, el alquiler de una habitación oscilaba entre los 260 y los 340 euros mensuales, lo que supone destinar entre el 23,9 % y el 31,2 % del salario.

En cuanto al mercado de compraventa, el precio medio de una vivienda libre en Castilla y León alcanzaba los 123.370 euros en 2025, un 11 % más que el año anterior. Esta cifra equivalía a 9,4 veces el salario anual de una persona joven, mientras que el ahorro necesario para afrontar la entrada inicial de una hipoteca ascendía a 37.011 euros, el equivalente a 2,8 veces su salario anual. Es decir, que la compra de una vivienda tampoco es una alternativa fácilmente accesible para la juventud de la comunidad.

Trabajar no da para emprender tu vida

Disponer de un empleo no garantiza necesariamente la independencia económica. Cerca de tres de cada diez personas jóvenes de Castilla y León (28,8 %) se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social. Este riesgo era mayor entre los hombres que entre las mujeres, con porcentajes del 30,5 % y el 26,9 %, respectivamente.

En relación con el mercado laboral, la tasa de paro juvenil se situaba en el 18,9 %, 1,6 puntos porcentuales más que el año anterior y por encima de la media nacional, situada en el 17,2 %. Esta tasa era más elevada entre las mujeres que entre los hombres, con porcentajes del 20,8 % y el 17,4 %, respectivamente. Además, el 38,4 % de la población joven asalariada tenía un contrato temporal, una situación que afectaba especialmente a las mujeres, cuya tasa de temporalidad alcanzaba el 48,4 %, frente al 30,2 % de los hombres.

Estudiar, a veces, tampoco

Asimismo, el 36,8 % de las personas jóvenes compaginaba estudios y trabajo («sisis»), mientras que el 10,5 % ni estudiaba ni trabajaba («ninis»). Por otro lado, el 48,2 % de las personas jóvenes ocupadas que habían finalizado estudios superiores y no continuaban estudiando desempeñaba trabajos por debajo de su nivel de cualificación. Este último dato pone de manifiesto las dificultades que afronta una parte de la juventud para acceder a empleos acordes con su formación académica.

Pese a ello, la tasa de emancipación alcanzaba el 14,1 % entre las personas jóvenes con estudios superiores, frente al 9,5 % de quienes habían completado, como máximo, la educación secundaria obligatoria.

Clamamos por políticas que permitan quedarse aquí

Ante estos resultados, la presidenta del Consejo de la Juventud de Castilla y León, Ainoa Acebes, insiste en la necesidad de impulsar políticas que garanticen el acceso a una vivienda asequible y a un empleo juvenil de calidad, acorde con la formación de las personas jóvenes y con salarios dignos.

Asimismo, reclama una estrategia integral de emancipación juvenil en Castilla y León, con objetivos concretos y medidas que permitan superar las barreras económicas que dificultan la independencia residencial. «Si queremos que las personas jóvenes puedan quedarse en Castilla y León y construir aquí su futuro, tenemos que ofrecer posibilidades reales para hacerlo», clama.

A su voz se suma la del presidente del Consejo Económico y Social de Castilla y León, Enrique Cabero, porque esto, una estrategia con visión de futuro, y también de presente, es un instrumento imprescindible para promover los derechos individuales y colectivos de las personas jóvenes y dotar de eficacia real a las políticas relacionadas con el reto demográfico, la gestión del talento y el bienestar social.

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