En busca de un lugar seguro: usuarios de Bluesky comparten el porqué de su huida de otras redes
Los últimos datos oficiales que maneja la Junta de Castilla y León sobre el uso de nuevas tecnologías en la comunidad están fechados en 2024. La tendencia era ascendente desde 2007. Desde entonces, las personas de entre 16 y 74 años que reconocían usarlas a diario han pasado de ser un 20% de la población a un 93,7%, es decir, la práctica totalidad. Sin embargo, según la última encuesta del INE (marzo de 2026) la población de Castilla y León se encuentra levemente por debajo de la media española (un 81,9% frente a un 84,3%) —solo por encima de Extremadura, Asturias, Galicia, Murcia y Ceuta— cuando se preguntó a los encuestados si consultaban internet varias veces al día.
Esto no significa, por supuesto, que todos los usuarios de nuevas tecnologías se adentren en las redes sociales, un reducto que nació como un medio de participación, interrelación humana y, por qué no, también para el desahogo y el acceso a personas con las que comunicarse lejos del entorno próximo. Al menos, esa fue la idea al principio, cuando muchas nos adentramos en ellas, y hoy aún nos preguntamos cómo han cambiado tanto desde entonces.
Más actualizados que los oficiales y centrados en el uso de redes sociales, están los datos que recoge en su último informe sobre consumo y audiencia digital de julio de este año el medidor de GfK España, que sitúa a Castilla y León en el décimo puesto de las comunidades autónomas en tiempo de permanencia en redes, con una media de 219 minutos diarios por internauta.
A nivel nacional, Facebook sigue en el podio como red preferida, con 33,2 millones de usuarios únicos e Instagram pisándole los talones, con 32,9 millones, mientras TikTok escala al tercer puesto con 25,7 millones de visitantes y un promedio de casi 7 horas de atención por internauta.
Es también GfK la que advertía, a principios de verano, de una ralentización, e incluso descenso, en el uso de redes sociales por primera vez desde su eclosión y del desplome de X en la era Musk, que ha perdido un 36% de usuarios en España. Cabe, entonces, preguntarse el porqué.
Huyendo del odio
¿Qué se ha perdido de aquella apuesta inicial por interrelacionarse en la distancia y compartir ideas? Este verano, la Comisión Europea ha publicado una convocatoria de propuestas para crear y probar funciones más seguras e inclusivas para las nuevas plataformas de redes sociales dirigidas al público joven que se pretenden poner en pie. El proyecto piloto, en el que está previsto invertir 1,48 millones de euros, plantea el desarrollo de nuevas plataformas europeas de redes sociales centradas en la seguridad del usuario, la salud mental, la privacidad y la facilidad de uso. Su objetivo, explica la CE, es que este universo virtual «esté en consonancia con los valores europeos, como la protección de la privacidad, la autonomía y el bienestar de los usuarios».
Todos esos valores que se citan desde Europa están llamados a luchar contra la jungla actual impuesta por las redes sociales importadas del otro lado del Atlántico, dominadas por los grandes magnates y sus eficientes algoritmos.
Según la Organización No Gubernamental estadounidense Centro para la Lucha contra el Odio Digital, los algoritmos influyen en nuestra forma de pensar. Filtran las publicaciones que nos muestran en las redes sociales y nos dirigen a contenidos con potencial viral. Parten de aquello que eliges, de lo que saben de ti y de tu comportamiento, para elegir después por ti. Aparentemente esto suena inofensivo, pero no lo es. En realidad, estos opacos procesos matemáticos deciden lo que ves y te muestran lo que a la plataforma le interesa, los contenidos que te mantendrán «enganchado» el mayor tiempo posible, porque ese es su objetivo: promueven discursos de odio, silencian cuentas y priorizan material controvertido para mantenerte dentro, produciendo beneficios para la plataforma.
Cuando Elon Musk tomó el control de Twitter en 2022 y la rebautizó como X, afirmó que la plataforma sería «la plaza pública digital donde se debaten asuntos vitales para el futuro de la humanidad». Sin embargo, su funcionamiento actual demuestra que la idea de que las redes sociales sean espacios para debates públicos justos es una falacia, opina el CLOD. Los algoritmos actúan en segundo plano para promover ciertas voces e ideas, impulsando teorías conspirativas, la desinformación, el discurso de odio u otros actos dañinos en línea que suelen volverse virales porque generan reacciones emocionales, ya sea de aprobación o rechazo. En cualquier caso, las reacciones generan ganancias para Musk y para el resto de billonarios. Y ese es el único objetivo.
El aleteo de BlueSky
Coincidiendo con el inicio de la caída del antiguo Twitter en 2023 —pero sin abrirse a cualquier usuario sin necesidad de invitación hasta 2024— surgió lo que dio en llamarse «la alternativa» en microblogging a la red del pajarito. A pesar de que en algunos ámbitos se ha hablado de BlueSky como un fiasco, lo cierto es que el aleteo de su mariposa ofrece, aún humildemente, pero con paso firme, esa opción de aire fresco que muchos buscan en las redes. Thunderbit publicaba a principios de este verano las estadísticas del crecimiento, sostenido pero constante, de esta red social que despegó cuando Musk aterrizó en aquel patio llamado Twitter para ponerlo patas arriba, provocando el éxodo de usuarios descontentos con el funcionamiento de los algoritmos del multimillonario amigo de Trump así como con el ambiente, cada vez más enrarecido, cuajado de bots y descaradamente escorado a la derecha.
Según los datos de Thunderbit, el bebé BlueSky ha crecido en estos dos años hasta los 40 millones de usuarios registrados en todo el mundo —muy lejos de los 586 millones de X, eso sí, pero en alza— y ha captado la atención de tecnólogos, periodistas y usuarios críticos que buscan un nuevo espacio digital. Se produjo, señalan, «una migración de alto perfil» que huía del «caos en X», si bien en su mayoría la red se expresa en inglés y los usuarios que hablan español son aún un pequeño porcentaje. Su perfil es en un 60% masculino, digitalmente hábil, fundamentalmente joven, de generación Z y Millennials, e interesad@s en tecnología, comunicación y política progresista.
«X es una herramienta de propagación del fascismo»
«Dejé el actual X hace casi 7 meses después de una recaída de medio año; estuve 15 años allí, pero el quitar la herramienta del bloqueo efectivo me hizo cruzar el Rubicón. Perdí contactos valiosos al irme de allí… pero, pese a mis intentos de persuasión, no quisieron ‘partir de cero’ y quizás algunos se vieron más atraídos por la idea de discutir que por la de compartir«, reflexiona a la pregunta de laperiodista.es Luis Alejandro desde Santiago de Chile.
«Salí de Tuiter por haberse convertido en una herramienta de propagación del fascismo y, además, por ya no serme útil para divulgar información (algoritmos que priorizan viralidad, varias herramientas eliminadas)«, responde Ignacio, divulgador de información sobre incendios forestales.«Bluesky es lo poco que queda de redes sociales con un poco de margen para huir del contenido viral, primando las publicaciones cronológicas».
«A mí me gustó el formato Twitter desde el principio, sin tanta foto y pose como otras redes. Lo que pasa es que desde que llegó Musk se fue convirtiendo en un infierno fascista con las cartas marcadas. Aquí se está más tranquilo y los bloqueos funcionan», añade Gabriel.
«Facebook e Instagram apenas los usaba, porque estaba aburrido de silenciar gente que solo compartía cuñadeces y memes de derechas, y no me apetecía seguir colaborando con Meta. Twitter era insoportable y solo me hacía enfadar y ser peor persona. Y cada vez era peor», interviene el usuario Dr. Heriberto Oeste.
«Empecé en foros de maternidad hace veintitantos años porque literalmente estaba más sola que la una como madre. Aún conservo amistades que hice allí», resume la usuaria Señora Taitantos. «De ahí salté a Facebook para mantener contacto con la familia y amistades que vivían fuera. Me gusta escribir y notaba que gustaban mis ocurrencias. Durante años no tuve más redes… hasta que las criaturas crecieron y la norma fue ‘si quieres un perfil, tiene que ser donde yo esté’. Y así llegué a Twitter, donde, para mi sorpresa, hice un pequeño número de seguidores y posts virales. Y viví el auge del fascismo, que me hizo huir y venirme aquí. A Twitter prácticamente no entro ya. Fuck them».
«Yo lo primero que conocí diciendo que era una red social fue Facebook y me hice una cuenta que ya solo uso como álbum de fotos y para un grupo de ganchillo» explica Nahiriel. «Estuve en Twitter porque me convencieron unas chicas del chat de IRC. Lo dejé cuando lo adquirió Elon y porque empezaron a llegarme un porrón de mensajes intrusivos«.
«No he tenido ni usado redes hasta aproximadamente 2022», recuerda AperTalona, «usaba Twitter (entonces accesible y ‘buscable’ desde la web) para recabar datos para cosas de curro, especialmente de incendios y emergencias. Al usarlo, te ofrecía tuits y perfiles de usuarios. Normalmente de humor, a veces informativos. Cuando caparon el acceso web (sobre todo las búsquedas) me hice perfil para poder trastear. Conservo la cuenta (con actividad mínima) por una mezcla de romanticismo y porque los 112, DGT y demás siguen siendo más activos ahí que en Bluesky. Aquí sigo con la misma motivación. Hay gente que aporta cosas interesantísimas: desde análisis geopolíticos o jurídicos a trucos de limpieza, y también una cierta intersección entre la comprensión lectora mejorable y un sesgo a respirar por la herida (cada cual la suya)».
«Creo que las redes sociales son como la Plaza del Pueblo en un sentido amplio; nos dan la posibilidad de acceder —como parte de Internet— a mayores temas… pero, a la vez, algunos se esconden en la libertad de expresión para disparar desde el anonimato«, concluye Luis Alejandro. «Creo que debiesen existir algunas regulaciones en ese sentido, aunque entiendo que el equilibrio es precario. El debate, por momentos, se simplifica y más importa llegar primero que saber llegar. Confío en que los puentes entre diversas comunidades sean firmes y que, ante temas de relevancia general, las ideas prevalezcan sobre la popularidad«.

