Vanessa Molina, bombera forestal: «La gestión de la emergencia nacional ha sido un ejemplo a seguir»

Vanessa Molina, bombera forestal: «La gestión de la emergencia nacional ha sido un ejemplo a seguir»

«Duele leer en redes y escuchar a gente decir que los hemos dejado solos, porque no ha sido así»

La segunda quincena de julio, Vanessa Molina la ha pasado saltando de incendio en incendio: del de La Mierla, en Guadalajara, al de Almorox, en Toledo, y finalmente al gigantesco fuego de Burgohondo, en Ávila. Esta bombera forestal, con más de veinte años de servicio frente a las llamas en el operativo de Castilla-La Mancha, ha visto prácticamente de todo empuñando manguera y motosierra, y el uno de agosto ha sido su primer sábado libre desde que comenzaron a estallar los incendios simultáneos de las últimas semanas. Los ha vivido desde ambas perspectivas: como participante en la extinción y también como evacuada, porque el fuego de Ávila llegó a amenazar el pueblo en el que vive, Navamorcuende —a escasos kilómetros de la frontera de Toledo con Castilla y León—, que fue desalojado de forma preventiva el día 25.

Pregunta.- ¿Cómo se viven desde dentro quince días de uno a otro incendio sin apenas descanso?

Respuesta.- Con mucho cansancio físico y mental. Han sido muchos días trabajando doce horas en extinción y otras doce intentando descansar. Nosotros trabajamos en el turno de noche, que para el cuerpo es mejor porque no soportas tanto las altas temperaturas, pero para el descanso es criminal porque cambia tus horas de sueño y, aunque intentas dormir durante el día, no lo haces igual. Cuando encadenas siete días trabajando así, se nota mucho el desgaste, no solo físico, como digo, porque aunque la gente no lo sepa, también sufrimos un gran desgaste mental.

P.- A su equipo le han tocado todos los frentes de su zona estos días.

R.- Sí. Empezamos el día 17 en La Mierla, haciendo un tendido de mangueras súper largo y currando mucho, todo muy estresante, pero muy bien. El 22 salió Almorox, así que fuimos de los primeros en llegar, porque está cerca de nuestra zona, y del 25 al 30 hemos estado en Burgohondo. El día veinticinco estuvimos defendiendo La Iglesuela, porque el frente venía a impactar contra el pueblo, y se hizo un ataque bastante contundente aquella noche. Salimos muchos medios terrestres y maquinaria pesada. Estuvimos haciendo quemas, apoyándonos en las pasadas de las máquinas, y conseguimos pararlo entre todos.

P.- ¿Cómo han vivido la coordinación de los medios durante la emergencia nacional?

R.- El día 25, cuando salimos al aviso de Burgohondo, la verdad es que íbamos expectantes, porque era algo nuevo. Lógicamente, era nuestra primera vez en una situación de Nivel 3, porque nunca se había declarado una emergencia nacional por incendio forestal. En el puesto de mando había militares, compañeros de la UME, pero la verdad es que hemos trabajado como siempre, con nuestros agentes medioambientales al lado y recibiendo nuestras órdenes. Quiero romper una lanza por todos los compañeros y compañeras y destacar la gestión de la emergencia, que creo que ha sido un ejemplo a seguir. Yo estoy satisfecha. Se ha trabajado muy bien juntos, no solo en lo que respecta a la extinción, sino también en la protección de la población. Creo que hay que estar muy orgullosos de que, a pesar de los miles de hectáreas que han ardido y las viviendas que se han perdido, todo haya salido bien, porque esto podría haber sido una catástrofe mucho peor. Se ha evacuado a miles de personas y no ha habido accidentes ni se han perdido vidas. En el Valle del Tiétar la gente salió ordenadamente siguiendo las rutas que marcó la dirección de la emergencia, sin incidentes, sin heridos. Hay que aplaudir a estos operativos que han conseguido todo eso con un trabajo brutal.

P.- ¿Qué le diría a esas voces que se han escuchado en redes sociales afirmando que se les había dejado solos o poniendo en cuestión el trabajo de todos esos miles de efectivos?

R.- Que le den una vuelta. Que piensen lo difícil que es una emergencia como esta, con tantas personas, tantas viviendas, tantas infraestructuras en mitad del incendio que obligan no solo a atender a la emergencia del fuego, sino también a la de esas personas a las que hay que sacar de ahí por su seguridad. Esta emergencia nos ha enseñado mucho. Saquemos lecciones aprendidas. Pueden sentirse orgullosos de los planes contra incendios forestales en sus comunidades autónomas. Para mí ha sido un ejemplo de gestión. Todos sabemos que cuando ocurre alguna catástrofe, de la índole que sea, en la tele, en las redes y en todas partes salen muchos expertos de sillón, y estos días he visto en las redes, y también en televisión, en todas partes, vídeos de paisanos hablando de que hemos dejado que el monte y sus casas se quemen, que estaban solos. He visto vídeos increpando a los compañeros de la UME y también a nosotros, y me duele profundamente, porque si ellos supieran el esfuerzo que cualquier operativo de cualquier comunidad autónoma realiza cuando hay una emergencia como esta, no se les ocurriría decir esas cosas. La gente tiene que entender que estos incendios estaban fuera de la capacidad de extinción, y eso se sabía desde el principio. No es que nos marchemos o dejemos quemar, es que el ataque directo era imposible y cuando un incendio se acercaba a una población, lo único que se podía hacer era pedirle a la gente por favor que se marchara. El orden de prioridades con el que trabajamos es el de la seguridad de las personas en primer lugar, incluida la nuestra, después las infraestructuras y por último el monte. Llegar a un lugar pensando que no hay nadie y encontrarte con personas por en medio vuelve la emergencia mucho más peligrosa, para ellos y para nosotros.

P.- ¿Quiere hacer un llamamiento?

R.- Solamente quiero decirle a la gente que, por favor, cuando llega una orden de evacuación, que hagan caso y se marchen. Que entiendo que es muy difícil dejar tu casa, tu modo de vida, tu pueblo y tu tierra; yo también lo he vivido de primera mano, porque fui evacuada del pueblo en el que resido, y al mismo tiempo estuve trabajando en la extinción del incendio, así que lo viví por partida doble, pero es importante que cuando se tiene que evacuar se dirijan a las vías de evacuación que se marcan, que para nosotros es terrorífico encontrar personas en el monte cuando llegamos o vehículos impidiendo el paso por caminos por los que tenemos que pasar. Pero por favor, que no piensen que los hemos dejado solos o que hemos dejado arder el monte, porque sencillamente no podíamos meternos; el ataque directo era imposible y había que buscar ventanas de actuación para poder trabajar con seguridad. Duele mucho ver, después de tantos días trabajando tantas horas, que la opinión que tienen de tu trabajo es que los has dejado solos, porque no es así.

P.- Las administraciones llevan décadas recopilando datos de las causas de los grandes incendios forestales y la historia se repite cada año: un altísimo porcentaje de ellos se debe a la mano del hombre. En Castilla y León, en las últimas semanas, los incendios se han debido en más de un 60% a negligencias, imprudencias, accidentes… y hay varias personas detenidas. Esto tiene que ser más desesperante aún visto con los ojos de bombera forestal.

R.- Quisiera poder concienciar a la sociedad para que ayude a evitar esto. Gente soldando, gente con una radial, gente trabajando en el monte con maquinaria que produce chispas cuando no se puede y seguramente pensando que «no pasa nada». Pero claro que pasa, y aquí tenemos las consecuencias. Queda el mes de agosto, que siempre ha sido un mes fatídico para nosotros. Queda lo peor del verano, y solo hay que usar el sentido común. Que se lo piensen dos veces antes de hacer algo que puede ser un motor de ignición: barbacoas, radiales, máquinas que lancen una chispa al pasto, que corre que se las pela. Y de ahí, las personas pierden sus casas, su ganado, su medio de vida o incluso la vida.

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