MARÍA MOLA – BURGOS
A voces se desgañitaba una mujer de unos 50 contra una periodista de TVE que intentaba hacer un directo sobre la manifestación a favor de Ceuta, a pesar de que hasta la fecha yo no he conocido a nadie que esté en contra de la pobre ciudad autónoma. Pospongamos el asuntillo para otras líneas.
“Ramera” y “puta de Sánchez” le aullaba a esta trabajadora, obligada a mantener el tipo suceda lo que suceda. Sus compañeros de plató censuraban lo sucedido. Estoy convencida de que totalmente conscientes de la barbaridad que supone eso. Eso sí, también estoy al cien por cien segura de que quienes cuentan o relatan al abrigo de la calefacción o la brisa del aire acondicionado de un plató jamás le van a aconsejar a esa o ese colega que la próxima vez elija no situarse en un lugar en el que corra peligro.
Para que se pueda entender, informo de que es factible trabajar a pie de manifestación en lugares apartados, pues las cámaras recogen igualmente la imagen a metros o el sonido ambiente, pero eso no mola tanto como mandar al/la periodista de turno a que lo empujen, insulten y, si ha tenido suerte, sufra faltas de respeto leves o graves. Un clásico de este género es que a la mujer con el micro le toquen el culo. Sí, y mucho más frecuente de lo que se piensa.
Es el sensacionalismo lo que mueve a los acomodados en las plantas nobles de las redacciones mientras los esclavos, en galeras, sufren riesgo, se cuecen o congelan
Para dar cuenta con rigor de una protesta no es necesario encontrarse en el corazón de esta; de hecho, el número de manifestantes se consigue con gestiones con Policía Local/subdelegaciones/delegaciones del Gobierno. Y las proclamas y cánticos se pueden escuchar a una distancia prudente.
Sin embargo, es el sensacionalismo lo que mueve a los acomodados en las plantas nobles de las redacciones mientras los esclavos, en galeras, sufren riesgo, se cuecen o congelan. Y es que las primeras nieves en zonas montañosas en el mes de diciembre —notición, por otra parte— provocan que el/la pringada de turno se enfunde un gorro y note entumecidas las manos porque, obvio, si no nos lo explican así, ¿cómo vamos a saber que en un paraje nevado se pasa frío y que eso sucede en Soria todos los inviernos?
Y cantamos línea con otro género: reporterismo a la parrilla. Quien aterriza en la redacción con el calzado humeando gana. Aplauden con energía que te muestres ataviada con una mascarilla y si algún miembro de patrulla de la extinción de incendios te ha echado por cometer la irresponsabilidad de colocarte en un lugar peligroso, ahora sí, “qué gran reportero/a”, “qué gran periodista”. Si tienes los dedos de los pies a la brasa o rozando la necesidad de ser amputados por hipotermia, eres un, una, redoble de tambores… periodista de raza. Qué gran expresión. Acuñada para ese periodismo de guerra ejercido en países con ausencia bélica. Cuánto daño ha hecho Pérez-Reverte.
Parece que hay quien cobra en clics o reproducciones de vídeos, porque harto contradictorio es que la mayoría de periodistas de este país cobre el salario mínimo interprofesional
Parece que hay quien cobra en clics o reproducciones de vídeos, porque harto contradictorio es que la mayoría de periodistas de este país cobre el salario mínimo interprofesional, o menos, pues las horas extraordinarias no suelen compensarse, pero se ponga de saco de las hostias, verbales o físicas, para arrancar ese reconocimiento estrambótico; ese diagnóstico hematológico: el periodismo corre por sus venas. No, lo que corre por sus venas es el miedo al despido o las ganas de jugársela.
Es hora de que la profesión aborde, con valentía y sentido común, la erradicación de la ejecución temeraria de la profesión. No es necesaria otra guía de buenas prácticas u otro asociacionismo. Son imprescindibles la sensatez, autocrítica y la reivindicación de un contexto con garantías, uno sano.
En la mayoría de empresas serias quienes se encargan de riesgos laborales velan por la temperatura o la salubridad en las instalaciones. En la de los medios, el/la crack es quien ataviado con un chaleco con el PRESS y el casco confiere imagen a una noticia que en absoluto lo precisa.
Animo a la opinión pública a que deje de valorar y celebrar estos actos temerarios, porque detrás de un o una periodista zarandeado en una manifestación solo hay una presión para que ahí te coloques
No es información, es morbo. Te ordenan acudir ahí porque con una pizquilla de suerte, en un directo te agreden y desde tu flamante decorado ya procede poner en valor el trabajo de los medios, y el “no nos callarán”. A ti no, por supuesto; eso solo te sucedería si se te cae el micrófono de corbata.
Así que animo a la opinión pública a que deje de valorar y celebrar estos actos temerarios, porque detrás de un o una periodista zarandeado en una manifestación solo hay una presión para que ahí te coloques -con el fin precisamente de que eso suceda- o un profesional, sí, pero del amarillismo, el que se halla en el convencimiento de que es así como se debe ejercer la profesión.
La única información que aporta es que esa persona está tan acojonada por las posibles represalias que se planta ahí a pesar de la posibilidad de sufrir daño. Eso o que es un pésimo profesional que recurre a esa estampa porque confunde los criterios de noticiabilidad o no entiende el primer mandamiento: el periodista no debe ser protagonista. Qué panorama.
