MARÍA MOLA – BURGOS
Solo la casita de Ayuso ha sido digna competidora de la de Bad Bunny. Me centraré en la mencionada en segundo lugar porque de la desfachatez, jeta y desvergüenza de la primera no hay debate (o no debería).
El puertorriqueño es dibujado como ángel las mismas ocasiones —millones en las redes— que como demonio. Como abanderado de una sexualidad libre por parte de las mujeres, que como máximo icono de su cosificación. Y hay que escoger, porque el planeta de los matices y la moderación en la emisión de un juicio es un limbo indeseable.
En tierra de nadie se ha convertido el ‘de esto no hablo porque no tengo ni idea’ o ‘este señor puede estar implicado en determinados aspectos de la liberación de las mujeres y ser lo más machista y retrógrado en otros’.
El héroe del ‘ice out’, ridiculizador de Trump y máximo exponente de la mixtura de toda América tiene severas fallas en la asunción del discurso contra el machismo
Poner kilo y medio de tías buenas en esa casita inhabitable para las gordas, las feas o las que directamente superen la treintena es una machistada de nivelón, una que emula a un Jesús Gil en su versión 4.0. Y si no, miren cómo actores poco o nada agraciados sí tienen pase. Ellos son más que su cuerpo; su talento trasciende sus proporciones. No sucede eso con nosotras. Eso es una evidencia.
Para a quien le venga a la mente que una ilustre invitada fue Penélope Cruz, amable recordatorio: la fisonomía media de una mujer que supera la cincuentena no es la de la actriz madrileña, punto uno, y, en segundo lugar, ella sí es un elemento prestigiador en sí. Por el contrario, si eres una anónima, ya puedes tener las carnes tan prietas como corta la falda para conseguir luz verde.
En paralelo, estoy convencida de que Benito Martínez Ocasio anhela mujeres perreando o bailando la conga o la jota aragonesa sin ser tocadas, sin ser juzgadas y sin ser violentadas, así que, desde mi punto de vista, debería ser un hombre permeable a las críticas. El héroe del ice out, ridiculizador de Trump y máximo exponente de la mixtura de toda América, sufre severas fallas en la asunción del discurso contra la discriminación que sufre más del 50 por ciento de la población mundial: el machismo.
Siendo así, sí considero, o quiero pensar, que advertencias y consejos procedentes de las que están/estamos hasta el mismísimo de desaparecer el día de tu 40 cumpleaños como mujer que se contonea, como mujer que se divierte, como mujer que desea y, sobre todo, es deseable, sí caen en terreno fértil cuando el receptor es una persona comprometida con otras causas de discriminación. Y considero que ese es el camino.
La desigualdad es una asimetría con la que convivimos desde bebés, así que en numerosas ocasiones se apoya o genera sin siquiera darnos cuenta
No es necesario entronarlo ni echarlo a los leones. Del mismo modo, cancelarlo ni solidificarlo para elevarlo a un altar desde el que escuche corear a las masas enardecidas como autómatas cada una de sus letras. La desigualdad es una asimetría con la que convivimos desde bebés, así que en numerosas ocasiones se apoya o genera sin siquiera darnos cuenta.
Si no, escuchen cómo la actriz Esther Expósito, miembra nata de la casita por su edad y físico, analiza desde un punto de vista insuficiente su presencia en la polémica instalación. Sí, tú debes estar y moverte sin ser criticada, cómo no, pero no puedes dejar de censurar que otras no habrían pasado el casting por no encarnar el modelo de mujer mirada, codiciada, de las que sí deben exhibirse. Sin arrugas, sin lorzas, sin evidencia de que el paso del tiempo es inexorable, de que la vida de las féminas no puede consistir en combatir esas mellas físicas que ellos abrazan sin problema alguno.
No hay ninguna necesidad de colocar en los extremos de la ética a todos los personajes orígenes de estos debates
No dudo en ningún momento de la aspiración feminista de Esther Expósito, tengo eso tan cristalino como que su discurso es un error. Con este contexto, yo optaría por una invitación a reconducir el relato que únicamente fuera un compendio de argumentos y razones; no un listado de insultos para aderezar la idea de que es una vil traidora a la causa.
En síntesis: que no hay ninguna necesidad de colocar en los extremos de la ética a todos los personajes orígenes de estos debates. Únicamente si solo te da para echar mano del insulto más grueso o de la alabanza más incondicional y carente de criterio en primera persona. En tal caso, no hay remedio y entiendo que si han leído estas modestas líneas ya me estarán poniendo a escurrir. Pues eso, lo dicho.

