La presunción de inocencia como máximo exponente de la incongruencia en política

La presunción de inocencia como máximo exponente de la incongruencia en política

MARÍA MOLA – BURGOS

La invocación a la justicia y el respeto a sus tiempos está siempre supeditada al cargo sobre el que pesa la sospecha o acusación. Y esto es lamentable e ilustra cómo tejemos una sociedad muy veloz y nula en la mesura en lo que se refiere a los odios eternos o adhesiones sin crítica alguna.

No se aguantan las ganitas los partidos cuando al arrendatario del sillón del otro lado le cae una acusación de corrupción y, de inmediato, declaran ese hecho como de una gravedad inédita, la típica ‘ineditud’ que sucede cada dos días, por la que no solo debe dimitir el cargo, sino exiliarse en bloque toda la formación.

Y ahora hagamos la prueba de la inversión: cuando es mi partido el afectado, dibujamos un panorama en el que el estado de derecho solloza ante semejante afrenta. Es en ese momento cuando el léxico de las manifestaciones muta y en donde he visto “vergüenza, corrupción acreditada, organización criminal” ahora contemplo “meros indicios” y se apela a esperar a una sentencia firme antes de realizar declaraciones que son auténticas calumnias y difamaciones.

Esos afiliados y afiliadas que antes solo aturdían a amistades y conocidos, pero que ahora disponen de redes sociales en las que clonar la frase enardecida del líder

No sería este un problema tan grave si no les hicieran los coros los sufridores en casa del 1, 2, 3. Esos afiliados y afiliadas que antes solo aturdían a amistades y conocidos, pero que ahora disponen de redes sociales en las que clonar la frase enardecida del líder; sin cambiar una coma, por supuesto, que la mínima disensión se interpreta como una deslealtad.

Urge un análisis en el seno de todos los partidos sobre el tono de las críticas hacia los otros. Es ridículo tener tarifa plana, sin ir más lejos, de petición de dimisiones o ceses. Si por cada chorrada se reclama de forma enardecida que un contrincante político se pire para casa, se debería entender que cuando sí proceda por la gravedad del hecho cometido no se te tome en serio.

Se puede, se debe, ser una persona apasionada en política, pero no tiene por qué ilustrarse en interacciones agresivas y tóxicas

A la vista de lo que sucede en los diferentes parlamentos y ayuntamientos, no se contempla, —pero ni en el más acusado estado de embriaguez o paranoide— la posibilidad de criticar algo, sí, pero sin acompañar el análisis de palabras gruesas o acompasadas por abucheos alrededor. Lo mismo sucede cuando un cargo mete la pata de manera manifiesta y, una vez evidenciado, es incapaz de admitirlo, por no hablar de que presentar disculpas roza la distopía.

Se puede, se debe, ser una persona apasionada en política, pero no tiene por qué ilustrarse en interacciones agresivas y tóxicas. Quien defienda lo contrario, escasa oratoria o proyecto está en condiciones de ofrecer. Existe alternativa; diferente es que sea infinitamente más cómodo el ‘no’ como respuesta tipo o la descalificación como forma de relacionarse con quien no compartes carné.

Quienes en la arena política optan por el juego limpio, en lugar de ser elogiados, son catalogados de blandos, especialmente por sus compañeros y compañeras de partido, que lo interpretan como falta de liderazgo y contundencia

Lo cierto es que quienes en la arena política optan por el juego limpio, en lugar de ser elogiados, son catalogados de blandos, especialmente por sus compañeros y compañeras de partido, que lo interpretan como falta de liderazgo y contundencia.

Pues nada, continuemos alimentando un terreno público que deshonra una actividad que debería encarnar el debate limpio y una incansable búsqueda de nexos y coincidencias. Así nos va. La pregunta es si en algún momento se invertirá esta tendencia. Lo único de lo que estoy segura es que pronto no será.

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