Vox abre su hoja de ruta antiinmigración «desregulando» familia y ayudas sociales y controlará la cultura
Catorce años en política y once de ellos al frente de la Consejería de Medio Ambiente, con la fortísima contestación social y el manifiesto desastre en la gestión de los incendios de los últimos años, no parecen haber sido suficientes para que el flamante presidente de Castilla y León —por tercera vez—, Alfonso Fernández Mañueco, haya prescindido del polémico exjuez leonés Juan Carlos Suárez Quiñones.
Primero lo apartó discretamente de las listas del Partido Popular para las elecciones autonómicas, porque los ánimos entre el pueblo llano, y especialmente el leonés, estaban por entonces más que calientes después de fuego y operativo descontrolados y desatendidos; pero ahora lo rescata, como el buen amigo que es, premiándole con las carteras de Industria y Empleo, donde volverá a tener la oportunidad de demostrar su capacidad y diligencia en la solución de los problemas de esta comunidad autónoma y su criterio ante la inversión del no poco dinero público que tendrá entre manos.
Cargos públicos vitalicios en el PP
Pocas sorpresas en la lista de nombres que guiarán los destinos de la comunidad más grande de Europa y más anclada en el pasado, porque también se eterniza en el gobierno autonómico de cuarenta años de antigüedad el impertérrito Carlos Fernández Carriedo, desde 2019 a los mandos de Economía y Hacienda y de nuevo portavoz. Las mismas reliquias, como si fueran cargos públicos vitalicios, por parte del PP en Presidencia y Sanidad, de modo que escasas novedades se pueden esperar en la gestión de listas de espera y de carencias en especialidades. Es obvio que Mañueco no escucha las quejas en la calle mientras recorre campechanamente los pasillos del Colegio de la Asunción.

Medio ambiente y Educación en manos de dos mujeres de Mañueco y Vox en sus obsesiones ideológicas
El Medio ambiente, y por tanto la gestión de los incendios, que entraron en época de peligro alto ayer, viernes, 12 de junio, queda en manos de la ‘popular’ María González Corral, que cede Agricultura a Vox y se pone al frente del reto, poco fácil, pero al tiempo poco difícil si se trata de superar el listón de Quiñones. Afortunadamente, Educación irá de la mano de la vallisoletana María Pardo, que escala al primer nivel desde la Dirección General de Vivienda, que también dependía de Quiñones, pero viene a refrescar la foto de equipo.
Los de Vox, innecesarios, pero imprescindibles para que Mañueco volviera a sentarse en el sillón de la Presidencia, han conseguido a cambio, como en Extremadura y Aragón, hacerse con las materias que presiden sus obsesiones ideológicas: controlarán el campo y la ganadería, exprimirán la cultura para dirigirla al concepto de cultura que defienden («apoyar la mejora de las plazas de toros rurales y la organización de novilladas; promocionar la caza y la pesca; seguir impulsando la promoción de Castilla y León para el aprendizaje del español» y la inteligencia artificial en el ámbito de la cultura y el patrimonio), y sobre todo decidirán sobre ayudas sociales y familia.
Queda todo por ver en cómo despuntarán estos próximos cuatro años los pasos de los ultras en lo que se refiere a ayudas sociales —esas ‘paguitas’ de las que hablan, esos inmigrantes a los que quieren apartar del apoyo del Estado, esos servicios públicos que quieren hurtar a quienes no nacieron en este país— y a familia —esa única que ellos entienden, que excluye a todas las demás—.
Pero nos tememos lo peor.

