Virginia Mendoza, antropóloga: «Debemos poner el foco en lo bueno del ser humano, porque sin esperanza no somos nada»

Virginia Mendoza, antropóloga: «Debemos poner el foco en lo bueno del ser humano, porque sin esperanza no somos nada»

La autora presenta su Memoria de las manos en Urueña (Valladolid) el domingo, día 8

La cita es el próximo domingo, 8 de noviembre, en la librería Primera Página de Urueña, la Villa del Libro. La protagonista es la antropóloga —periodista y escritora— Virginia Mendoza. El porqué es la Memoria de las manos. Quien nos cita es Tamara Crespo, también periodista y directora de orquesta de la librería periodística y viajera Primera Página —anclada en un precioso rinconcito de ese municipio—, que describe el trabajo de la autora como ‘producto de la sensibilidad y la sencillez’, esas que, dice, ‘solo da la verdadera erudición’.

Así viaja Virginia desde Terrinches, en Ciudad Real —el pueblo donde nació—, a Urueña, con su Memoria de las manos. Cómo los vínculos, los afectos y los cuidados nos hicieron humanos; mujer estudiosa y ‘perioantropodista‘, según leo que se describe a sí misma por ahí y reconoce que fue la broma de un amigo, pero que resulta ser un término acuñado sobre la idea de que entre periodismo y antropología solo hay tiempo.

Sabíamos que éramos Homo sapiens, pero apuesto a que la mayoría no teníamos ni idea de que éramos también Homo fovens (no está claro si todos), que es, traducido al castellano, especie que cuida y protege a sus semejantes, que es precisamente, sostiene la autora, lo que navega en la empatía y nos hace humanos.

La tesis de su ensayo, desgraciadamente, parece disruptiva a día de hoy. Virginia sostiene en su libro que no sobrevivimos a los siglos ni a nuestras vidas por la biología, sino por la empatía, por nuestra capacidad para cuidarnos, abrazarnos, compartir recursos y sostener a los más vulnerables.

Virginia escarbando en la tierra

Cuenta Virginia que cuando era pequeña y acompañaba a su abuelo al campo o a recoger la aceituna tenía tendencia a apartarse para escarbar el suelo, con la curiosidad de saber quiénes vivieron antes allí y dejaron huellas ahí abajo, pero lo hacía de manera inconsciente, porque entonces no pensaba siquiera en ser antropóloga. En su libro, sin embargo, convergen ciencia, empatía e historia humana, como si lo hubiera escrito en su infancia, escarbando en su pueblo. En aquel mismo lugar, explica, surgió un yacimiento de la Edad del Bronce.

Pregunta.- Y eso te llevó a escribir sobre la sequía.

Respuesta.- Sí, porque esta era una civilización en la que los líderes de los poblados basaban su poder en el control y el acceso al agua en una época de mega-sequía que se cree que ha sido una de las peores en la historia del ser humano, y eso me hizo mirar a la prehistoria. De ahí surgió la escritura de «La sed».

P.- «Memoria de las manos» tiene mucho de actualidad, pero es un libro de divulgación de la evolución humana.

R.- Eso es lo que me tiene atrapada. Los ancestros.

P.- ¿Qué crees que se ha trasladado a la época en la que vivimos de aquello, de los ancestros y el control del agua, y de la relación entre la evolución humana y la empatía?

R.- La necesidad de contar esta historia tiene que ver con cierta rabia por lo que estamos viviendo ahora, sobre todo en las redes sociales; por los mensajes cada vez más individualistas que están calando, que por alguna razón funcionan muy bien, hasta el punto de que hoy entra en el mismo saco como persona tóxica alguien que te ha hecho daño y alguien con quien ha habido simplemente una fricción. Viene del hartazgo de escuchar lo malos que somos, que somos monos asesinos.

P.- ¿No lo somos?

R.- No, claro. Ahora se dice todo el tiempo lo malos que somos, que todo lo podemos hacer solos y no necesitamos a nadie, que hay que apartar a quien te resta… pero es que tal vez quien te resta está teniendo problemas en su vida, o le están explotando en su trabajo, o está deprimido. Parece que no toleramos la incomodidad a la que puede llevarnos relacionarnos con otros. Evidentemente, también hacemos el mal, pero creo que el foco se ha desviado mucho, instando incluso a huir de la sociedad, que es malísima y que no tiene nada que aportarnos. Esa mentalidad negativa sobre nosotros mismos es lo que creo que tenemos que cambiar: poner el foco en lo bueno del ser humano, porque sin esperanza no somos nada.

P.- ¡Qué bonito esto que dices!

R.- Pero es que si no tienes esperanza, no vas a actuar para cambiar las cosas, porque como crees que no se pueden cambiar… es como dejarte caer por un abismo. Es importante que no caigamos en esos mensajes tan negativos: ¿cómo es posible que normalicemos el deseo de que se extinga el ser humano? No saldrías a la calle defendiendo un genocidio, pero en cambio, estás defendiendo que se extinga la especie.

P.- Tú hablas del Homo fovens más allá del Homo sapiens, de un ser que cuida a los demás. ¿Crees de verdad que en general en la sociedad española somos tan buenos como dices?

R.- Bueno, yo no digo que seamos angelitos. Tenemos la posibilidad tanto de hacer el bien como de hacer el mal, la capacidad de elegir y de saber cómo eso puede perjudicar a otro. Y tenemos una sociedad que nos ha enseñado lo que está bien y lo que está mal, pero no creo que una persona sea durante toda su vida ni absolutamente buena ni absolutamente mala; de esto hablo en el libro, de que nos hemos contado lo malos que somos, y esas hipótesis del mono asesino las contaron hombres blancos, occidentales, en los años sesenta y setenta que habían crecido en las guerras mundiales o sobrevivido a ellas, y hay que tener en cuenta estos sesgos, así como los de los años noventa, que eran más optimistas. Habría que preguntar a mujeres en el Amazonas de esa misma época.

P.- ¿Qué esperas, o qué te gustaría, de la evolución humana en el mundo a partir de ahora?

R.- Me gustaría que recordemos que estamos aquí gracias a los otros, no solo a nivel individual; que te ha parido otra y a esa persona le ha ayudado alguien a parirte, y te han cuidado cuando eras extremadamente vulnerable, cuando cualquier otra especie animal te habría aniquilado si hubieras estado ahí, suelto en la naturaleza. Que nos reconciliemos con esa parte, sin olvidar la otra, que no todos somos maravillosos ni todo sale bien por arte de magia.

P.- Pero desde tu perspectiva antropológica, eres básicamente optimista.

R.- Creo que estamos en un momento clave, aunque no es el primero, para ser conscientes de que lo que nos permite salir adelante es la cohesión y la cooperación. Pero no quiero quedarme en ideas simplistas, porque esa misma cohesión que nos une también a veces nos une contra el que se queda fuera; es el arma de doble filo que es la empatía: que conocerte me puede servir también para hacerte el mal, porque he descubierto tu talón de Aquiles.

P.- Eso es una empatía negativa.

R.- Sí, bueno, pero eso es algo que, aunque seamos optimistas, no se puede perder de vista. Prefiero dar más peso a las buenas experiencias, pero vivo en este mundo. Elijo quedarme con lo bueno, pero no puedo negar la realidad.

P.- ¿Te atreverías a dar un porcentaje de Homo fovens, de seres humanos buenos sobre el total en la sociedad de ahora mismo, en estos días en los que hemos visto a los habitantes de Urda lanzándose a ayudar a sus semejantes sin conocerlos, sin preguntar?

R.- A nuestros antepasados no los idealizo; simplemente, en el libro muestro una cara en la que no se suele incidir tanto; pero, evidentemente, había de todo, como lo hay hoy. También creo que la gente mala, por alguna razón, tiene un altavoz más grande y hace más ruido. A veces pienso en tirar la toalla ante las noticias: violencia, genocidios, atentados… y entonces vuelvo a la recuperación del lince ibérico, porque igual que hemos extinguido especies, somos capaces de salvarlas de la extinción.

Y también pienso que frente a los estafadores que han estado llamando estos días a los familiares de las víctimas de Urda haciéndose pasar por Guardia Civil o Policía, había muchos más vecinos ayudando. Y yo quise ir a donar sangre al hospital de Ciudad Real y me dijeron que estaban saturados. Desde el momento en el que se pidió que la gente fuera a donar sangre, lo hizo una avalancha.

Cada uno se basa en su experiencia personal y puede elegir con qué quedarse, pero yo prefiero quedarme con esto.

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