El punk y otros cuentos de la extrema derecha

El punk y otros cuentos de la extrema derecha

VANESSA LILLO – MADRID

Hoy todo el mundo se pregunta qué está pasando con la extrema derecha. Cómo puede ser. Cómo puede ser que sus mensajes calen en ciertos perfiles de personas y, lo más loco —si me permiten la expresión—, cómo estos pueden llegar a percibirse como mensajes rebeldes y antisistema. Una preocupación que ya me rondaba la cabeza en 2019, cuando tuve la oportunidad de compartir mi experiencia como diputada en la asamblea de Madrid con la irrupción de VOX en el Parlamento autonómico.

Por esta razón, decidí investigar cómo la extrema derecha estaba usando las instituciones. En concreto, cómo estaban usando la institución como caja de resonancia de su ideario reaccionario. Cómo ese escenario que es un parlamento impronta una normalidad pasmosa a todo lo que allí sucede y a todo lo que desde allí dentro de aquellas paredes se dice. Sin medir sus consecuencias fuera de ellas, en la sociedad.

Un trabajo académico que, tras su defensa, vio la luz en forma de libro. Un ensayo prologado por el sociólogo que me animó en esta aventura, Marcos Roitman. Divulgar los hallazgos sobre las técnicas que usa la extrema derecha para que parezca que el mundo que ellos describen, un mundo en blanco y negro y excluyente, parezca el único mundo posible. Mi tarea, desmontarlo.

No han descubierto la pólvora ni es nada nuevo. El protagonista de uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad, Hitler, ya lo hizo. Y ganó unas elecciones gracias a miles de personas que jamás imaginaron lo que iba a ser capaz de hacer una vez en el poder

Vaya por delante que no han descubierto la pólvora ni es nada nuevo. El protagonista de uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad, Hitler, ya lo hizo. Y ganó unas elecciones gracias a miles de personas que jamás imaginaron lo que iba a ser capaz de hacer una vez en el poder. Por eso, poca broma con la ola reaccionaria de la que ya no nos libramos ni aquí (hasta hace poco se hablaba de la excepción española). Las lamentaciones no son suficientes, pero sí necesarias para saber por qué hemos llegado hasta este punto y, lo más importante, evitar que la historia se repita. Lo siento, pero eso sí que no nos lo podríamos perdonar como sociedad.

Son muchos los paralelismos con el régimen nazi que menciono en «El lenguaje de Vox y su impacto en el debate público», apoyada en una obra cuya lectura me parece imprescindible en los tiempos que corren: La lengua del Tercer Reich, escrita por el filólogo Víctor Klemperer.

La extrema derecha es capaz de simplificar lo máximo la compleja arquitectura ideológica que hay detrás de cada una de sus palabras. Mensajes tan sencillos como eficaces. A través de una retórica descarada que usan como gancho, van construyendo el imaginario colectivo con los valores que deben ser aceptables y los que no. En este sentido, ¿quién no quiere libertad? ¿A quién no le importa su familia? Quizá debamos reflexionar si cuando hablamos de estos conceptos nos estamos refiriendo a lo mismo. Yo ya les adelanto que, en mi caso, no. Y espero que en el suyo, tampoco.

¿Y qué mejor que el miedo para que algo se mueva? Así, defender a la familia y la libertad puede justificar casi cualquier cosa. Pero… ¿Y de quién tengo que defenderlo? Ahí viene otra pieza angular de la táctica de la extrema derecha: señalar a los culpables, convertidos así en enemigos

Todo ello apelando a la emoción, que es la que impulsa la acción. ¿Y qué mejor que el miedo para que algo se mueva? Así, defender a la familia y la libertad puede justificar casi cualquier cosa. Pero… ¿Y de quién tengo que defenderlo? Ahí viene otra pieza angular de la táctica de la extrema derecha: señalar a los culpables, convertidos así en enemigos. Quizá le suene: los inmigrantes vienen a delinquir y robarnos la libertad y la izquierda y el feminismo solo pretenden adoctrinar para acabar con la familia.

Además, dicen que la política que se hace ahora lo único que hace es enfrentar; a mujeres contra hombres, a hijos contra padres y a nativos contra extranjeros. Sin embargo, si alguien está usando la política identitaria para rascar votos, son ellos. Excepto una, la de clase. ¿Curioso no? ¿Por qué, si quieren erigirse como los defensores de las clases populares, no hablan de las políticas que enfrentan a la clase trabajadora con la clase empresarial? Porque siempre se posicionan del lado del capital. Eso es lo punki, que partidos que representan los intereses de la clase opresora puedan ser vistos como defensores de la clase oprimida. Ese es el cuento de la extrema derecha. Solo queda preguntarnos qué hacemos desde nuestro lugar y nuestra capacidad de actuación en la vida cotidiana. ¿Estamos haciendo lo suficiente para no dar pábulo a la extrema derecha y demostrar que son el zorro queriendo cuidar de las gallinas? ¿Se está haciendo lo suficiente para responder a los anhelos vitales de la clase trabajador

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