Artes escénicas a contracorriente al norte y a la izquierda

Artes escénicas a contracorriente al norte y a la izquierda

El talento escénico alternativo de Castilla y León perdura en un puñado de espacios independientes al margen de los circuitos oficiales

Al norte y a la izquierda del país, en las latitudes de Castilla y León, existen espacios escénicos autogestionados, salas alternativas de titularidad privada puestas en marcha por equipos profesionales del sector y con distintos proyectos artísticos que pueden encontrarse en la dirección www.salasalternativascyl.org. Son pocos, pero llevan años dando la batalla al margen de los circuitos oficiales: dos en Valladolid, «Al norte a la izquierda» y «Andén 47»; «Espacio Tangente» en Burgos y «Almargen» en Salamanca.

Lo cierto es que perduran únicamente a base de talento y esfuerzo y cada uno de ellos se mueve en distintos ámbitos. «Almargen» lo gestiona una asociación cultural salmantina sin ánimo de lucro que enarbola la «cultura del peregrinaje, basada en la vitalidad del tránsito», explican, con el objetivo de «impulsar la efervescencia de quienes persiguen estas propuestas por bares, cafés, calles y un sinfín de espacios no oficiales». Mientras tanto, «Espacio Tangente», en Burgos, también se define como espacio sin ánimo de lucro «de creación y pensamiento libre, gestionado de manera independiente con un sistema de funcionamiento asambleario y horizontal» y con una programación que se establece en base a propuestas presentadas por el equipo gestor y por artistas, colectivos y grupos.

«Andén 47», en Valladolid, es un espacio polivalente de gestión privada nacido de la empresa «Fresas con Nata», pionera en la comunidad en la enseñanza y visibilización de las danzas urbanas desde 2009, y enfocado a «actividades artísticas y culturales con especial atención a las artes escénicas y los lenguajes urbanos». El caso de «Al Norte a la Izquierda», también en Valladolid, es sutilmente distinto, puesto que se trata de una compañía teatral con treinta años a sus espaldas que hace diez se lanzó a crear su propio espacio, con una programación estable, ecléctica y con cabida para todo tipo de propuestas escénicas, pero con un marcado carácter teatral.

Solo los dos espacios vallisoletanos forman parte de la Red de Teatros Alternativos, una asociación que agrupa a 55 salas y teatros de toda España de pequeño y mediano formato, gestionadas por equipos privados y con proyectos innovadores y de riesgo artístico.

El caso de Al Norte a la Izquierda

En 2016, veintiséis años después de iniciar su camino, la compañía vallisoletana Azar Teatro decidió dar un paso adelante creando un espacio escénico propio, autogestionado y libre, comprometido en lo social y lo humano, y también en lo político, pero sobre todo con lo artístico y los altos baremos de calidad. Así describe su responsable de producción, Carlos Tapia, el nacimiento de «Al Norte a la Izquierda».

En los años de trayectoria de este reducto del talento de iniciativa privada en la comunidad han pasado por su humilde, pero creciente espacio —200 butacas ya actualmente— ubicado en el barrio de La Victoria, nombres como los de Alberto San Juan o Nieves Concostrina, pero también innumerables otros talentos locales, además de sus propias producciones, que mantienen una programación regular basada en el teatro, la danza y la música, pero abierta a todas las artes.

Podría llamársele ‘la escena a contracorriente’ de Castilla y León, la que circula al margen de los circuitos escénicos oficiales en los que les cuesta entrar. «Nos gustan propuestas comprometidas en lo humano, social, político y artístico, y también nos gusta que esté en un barrio, sentirnos integrados y contribuir en la vida cultural del barrio y por extensión en la de la provincia y la comunidad«.

No hay ayudas en Castilla y León

Si a Carlos Tapia se le pregunta cómo es de fácil o de difícil crear un espacio como estos, tan escasos y tan huérfanos en la comunidad, lamenta que las únicas ayudas económicas con las que cuentan provienen del Ministerio de Cultura y de Europa, pero no existen desde el Ayuntamiento de Valladolid ni desde la Junta de Castilla y León.

«La facilidad te la dan el entusiasmo, las ganas, la ilusión, el amor y la pasión por nuestro trabajo y nuestra forma de vida, que es el arte; la dificultad es la del esfuerzo de la inversión económica, la de poder crear el espacio primero y después poder hacerlo sostenible, con los gastos que acarrea»,

El apoyo a las salas independientes, que existe en otras comunidades autónomas, no existe aquí, lamenta Tapia. «Tenemos que trabajar fundamentalmente en base a la taquilla, con las compañías, y con la ayuda del Ministerio de Cultura, pero con respecto a otras comunidades esto nos coloca en desventaja, como otras tantas desventajas que hemos tenido siempre para mover en nuestra comunidad nuestras propias producciones; no somos profetas en nuestra tierra».

«En la comunidad no se valora la riqueza artística que tenemos»

«Me gustaría decir que nuestras dificultades provienen de nuestro compromiso político y social, pero no lo creo. Creo que esto ocurre con todas las compañías, que no se valora la riqueza artística que tenemos ni a los grandes profesionales de las artes escénicas desde las instituciones públicas, especialmente los ayuntamientos, que son los propietarios de un gran porcentaje de los teatros, en los que hemos tenido muchas dificultades para entrar».

En estos treinta y seis años de existencia, Tapia cree que su compañía ha madurado, pero en cambio, está menos presente en la Red de Teatros. «Será que no les gustamos, no sé, es algo que deberían responder ellos, pero la verdad es que nos cuesta horrores; no hay más que mirar la programación y ves que no solo le pasa a Azar, sino a otras compañías hermanas de la comunidad con las que hablamos, como si nos hubieran puesto un coto y nos cuesta entrar».

Tapia no señala a nadie. Hay estupendos técnicos y programadores, afirma, pero describe, dice, la realidad que tenemos. Valora la iniciativa de ‘Comunidad a Escena’, pero añade que es insuficiente, porque «a veces te resulta más fácil trabajar fuera que en tu propia comunidad y se nos tendría que querer un poquito más». A esto se le suma el problema de los escasos presupuestos para la cultura, sobre el que incidió durante sus siete años como presidente de ARTESA, la asociación de empresas de artes escénicas de Castilla y León.

Ni chovinismo ni al revés

¿Por qué no nos queremos a nosotros mismos? «Creo que es nuestro carácter, nuestra forma de ser. Te comparas con otras comunidades, ves cómo valoran lo suyo, a veces con cierto chovinismo y cierta exageración, y nosotros estamos al revés».

Y este es el mal de la comunidad autónoma de Castilla y de León, que por una u otra cosa, nos dejamos ir. «Nos queremos poco y nos valoramos poco, pero no en la cultura, sino en general. Somos una comunidad sin sentimiento de comunidad y no tenemos una lengua diferencial; miramos a Madrid y tenemos un problema identitario«.

Un deseo para el futuro

«Mi deseo no sé si es tanto en lo personal, porque estamos cercanos a retirarnos, hicimos lo que pudimos y llegamos hasta donde llegamos; mi deseo iría enfocado a la gente que viene, los jóvenes que están empezando. Ojalá que tengan la posibilidad de hacer su propio camino y que las artes escénicas, y en concreto el teatro, crezcan en esta comunidad, sean más fuertes y se conviertan en un referente a nivel nacional e incluso internacional, siguiendo el camino que nosotros hicimos, intentando aportar industria, riqueza, pero también ayudar a vertebrar nuestra sociedad, darle una identidad desde la cultura».

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