Azahara Palomeque: “Creo que literatura y periodismo están sufriendo un deterioro brutal con la digitalización”

Azahara Palomeque: “Creo que literatura y periodismo están sufriendo un deterioro brutal con la digitalización”

La autora cordobesa trae a Castilla y León su nostálgica mirada a la memoria y el amor en “Pueblo blanco azul”

Ella sitúa su nacimiento en «el sur» en 1986 y ni siquiera ha cumplido los cuarenta, pero es lo que ahora vendría a llamarse ciudadana del mundo y su pueblo blanco y azul es un lugar al que vuelve, de alguna forma autobiográfica, a reconocer sus orígenes después de un largo reposo en el inevitable arraigo de la lejanía.

Se llama Azahara Palomeque, periodista y escritora, y trae la próxima semana a Castilla y León su voz templada y su conmovedora novela sobre el silencio, el duelo y el amor bajo las banderas de la reivindicación de la memoria y de la mano de la Fundación Jesús Pereda.

Pueblo blanco azul salió a la luz el 18 de febrero en la editorial Cabaret Voltaire y es su enésima publicación después de cuatro poemarios, un libro de crónicas sobre la era Trump «año 9», una novela, Huracán de negras palomas (La Moderna, 2023) y el ensayo Vivir peor que nuestros padres (Anagrama, 2023).

Habiendo vivido a caballo entre Extremadura y Andalucía, Azahara se trasladó a Madrid para estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual, con estancias académicas en Lisboa y São Paulo. Con la crisis de 2008, se mudó a EE.UU., donde terminó un máster en Estudios Luso-brasileños por la Universidad de Texas y un doctorado en Estudios Culturales en Princeton. Fruto de su regreso a España en 2022 es el libro que presenta estos días en Salamanca, Palencia y Valladolid.

Pregunta.- Eres andaluza, pero volaste enseguida. Entiendo que esto te da una visión del planeta muchísimo más amplia de la que tienen otras personas en este país.

Respuesta.- Sí, me fui muy joven, con veintitrés años, y allí he estado trece, entre Austin, Princeton y Philadelphia, marcada por una emigración que tiene que ver con la crisis económica de entonces, porque me fui para estudiar, pero también huyendo de las circunstancias económicas de España. Y sí, yo creo que eso me torna una persona abierta de mente, y también a distintas tradiciones literarias y culturales como la brasileña o la norteamericana, algo lejos de las corrientes españolas. Eso creo que se nota en la novela, en Pueblo blanco azul, que tiene un lenguaje propio, quizá más emparentado con cosas que se están haciendo en América Latina.

P.- ¿Cuál es ese pueblo blanco azul y qué cuentas de él en tu novela?

R.- Es una fábula rural que cuenta el regreso de Elaia, que es una periodista que se parece un poco a mí, al pueblo de sus orígenes, intentando saber quién es, descifrando su identidad, y por el camino, reconstruir las vidas de sus abuelos muertos, que son Luciana y Antonio. Podríamos calificarla de novela de memoria histórica, porque se cuentan episodios de la guerra civil y la posguerra; hay fantasmas que surgen de una fosa común, pero también es una novela muy poética que alterna voces prestando mucha atención a la oralidad, algo que puede disfrutar cualquier persona que tenga querencia por el lenguaje y la poesía.

P.- ¿Este es un pueblo real?

R.- El pueblo, que en la novela se llama Villasueño de las Flores Secas, está basado en mi pueblo, que es Castro del Río, en la campiña cordobesa, del que guardaba algunas memorias familiares. He entrevistado a miembros de mi familia, pero también he hecho una búsqueda entre los objetos personales después de que mis abuelos murieran en su casa, y fui a la biblioteca local para leer la historia del pueblo sobre esas épocas que me interesaban, tratados arquitectónicos y manuales sobre el olivar que me sirvieron para completar el proceso del que ha salido la ficción.

P.- ¿En qué lo resumirías si tuvieras que definirlo en una frase?

R.- Diría que este libro es un acto de amor y memoria. De amor a la familia y al territorio y de memoria de la injusticia.

P.- Una de tus obras se titula «Currículum», y en ella críticas la meritocracia y la precariedad laboral de tu generación.

R.- Sí, es un poemario desde el que narro la precariedad laboral juvenil. Pero ya no soy tan joven; tengo treinta y nueve años. ¿Cómo se es escritora con treinta y nueve años después de haber pasado por una emigración y haber retornado? Pues en condiciones muy precarias, dándote de alta y baja como autónoma cuando te salen trabajos, viviendo de charlas, becas, colaboraciones periodísticas o derechos de autor. Es una vida muy inestable económicamente y con el añadido de la frustración de haber pasado muchos años por la universidad. Te das cuenta de que la meritocracia no sirve para mucho cuando tu trayectoria se relaciona con las humanidades. Aprendes a tomártelo con filosofía y no tener grandes expectativas más allá de la supervivencia y de disfrutar de amigos y familia y de las cosas pequeñas.

P.- ¿Les cuesta más a las personas de humanidades ser personas de éxito?

R.- Yo creo que soy una persona de éxito en el sentido de que puedo hacer lo que me gusta y disfruto del aprendizaje, y todos esos estudios universitarios al final han sido una carrera de fondo que me llevo para mí, pero es verdad que cuando era pequeña pensaba que me iba a ir muy bien en la vida y al final nada de lo que estudias te garantiza la estabilidad laboral. Creo que hay un desprestigio de las humanidades muy injusto para el papel que tienen en la formación de las personas. Está mal enfocado a nivel social.

P.- ¿Qué esperas de la literatura, del periodismo y del mundo?

R.- Me gustaría que las cosas fueran a mejor y el mundo nos regalara una sociedad ilustrada, preocupada por los problemas de los demás, comprometida políticamente y estéticamente con la belleza. Pero, desgraciadamente, creo que la literatura, el periodismo y nuestras capacidades cognitivas están sufriendo un deterioro brutal que tiene que ver con el avance de la digitalización, la fragmentación del pensamiento que provocan las pantallas, las constantes notificaciones y una pérdida de memoria y de atención.

P.- ¡Buf!

R.- Sí, hay una frase de un filósofo que a mí me gusta mucho, Jorge Riechmann, que dice que una crisis de atención es una crisis de amor, porque para querer a alguien necesitas atender a esa persona. Y creo que el futuro nos va a deparar la acentuación de esa crisis que ya está aquí, a no ser que decidamos ponerle freno.

P.- Sonamos un poco pesimistas. ¿Un mensaje de esperanza?

R.- ¿Un mensaje de esperanza? Pues que ojalá el futuro lo componga una sociedad ilustrada y preocupada por el prójimo, pero no sé si eso va a ocurrir. Lanzaría un «no a la guerra» como mensaje de esperanza.

Azahara Palomeque es columnista habitual de El País y colabora con Público. Anteriormente lo hizo en La Marea, Cadena Ser y Carne Cruda. Ha dado conferencias y presentado su obra en el Instituto Cervantes de Nueva York, universidades españolas y norteamericanas, en distintos centros culturales, ferias del libro nacionales e internacionales y el Parlamento Europeo en Bruselas. En 2025, fue la primera directora mujer del prestigioso festival “Cosmopoética” y recibió una beca de creación literaria del Ministerio de Cultura español en la modalidad de ensayo.

Actualmente, se dedica a la escritura y la traducción en una buhardilla de Córdoba, ciudad de sus raíces.

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