Cincuenta años de Villalar, la fiesta de una identidad históricamente amenazada

Cincuenta años de Villalar, la fiesta de una identidad históricamente amenazada

El grito «Todos a Villalar» fue perdiendo fuelle a lo largo del tiempo, como si nuestra razón de ser también lo hiciera

Veinte mil personas, seis mil vehículos y veintiún autobuses habían llegado a Villalar alrededor de las tres y media de la tarde este 23 de abril de 2026, según los datos de la Subdelegación del Gobierno en Valladolid, cuando la cita en ese municipio cumplía exactamente cincuenta años. La cifra supone el diez por ciento de las personas que acudieron en el momento álgido de la fiesta de la Comunidad Autónoma de Castilla y León que, si atendemos a lo que contaba por aquel entonces el diario más antiguo de Valladolid, fueron doscientas mil en 1978.

La campa, siempre precedida del monolito, las danzas y los estirados actos institucionales, ha sido encuentro de castellanos y leonesas, o castellanas y leoneses, más de los primeros que de las segundas, durante medio siglo, pero los habitantes de esta miscelánea de comunidades que poco tienen en común nos hemos acostumbrado, obligatoriamente, a la denominación más que al sentimiento. Nos obligan a ser hermanas y la obligación es igual de constitucional que de discutible.

De reivindicación a ‘akelarre’

A lo largo de este tiempo, el grito «Todos a Villalar», que tenía su respuesta hace décadas, ha venido perdiendo fuelle, como si nuestra razón de ser también lo hiciera. Aquí, en estos campos de Machado y estas montañas de Luis Mateo Díez, el transcurso de los tiempos dibuja incomprensiones, acuerdos, conflictos, entendimientos y distensiones a la par de Villalar y otras cosas que organiza la impertérrita Junta de Castilla y León, eternamente de derechas y a veces de ultraderechas que califican el evento de ‘akelarre’. Así fue en las épocas de Gallardo, y así amenaza con volver a ser, teniendo en cuenta que la actual cara visible de los extremistas de la derecha, el expresidente de las Cortes Carlos Pollán, sigue señalando a Villalar como «una fiesta secuestrada por la izquierda».

Pero sobre todo, el acoso y derribo al histórico encuentro ciudadano de orgullo identitario en la campa se vislumbra en auge a consecuencia de las negociaciones en la sombra que se perpetran estos días entre el primer partido y el tercero en el ranking de los resultados electorales del 15 de marzo pasado, que según se dice, están «condenados a entenderse».

Poco tiene que ver ese entendimiento con el de las regiones de Castilla y de León —que podrían ser amigables vecinas en lugar de obligatorias hermanas— ni con el del denominado ‘espíritu de Villalar’, ahogado por las derechistas instituciones autonómicas, que destruyeron conscientemente a lo largo de los últimos años de deriva —y en progresión ascendente— la Fundación del mismo nombre al tiempo que dinamitaban su apoyo económico.

A ese espíritu contraprograma también el Gobierno de Mañueco, acompasada y oportunamente con sus acuerdos con Vox, cuando organiza conciertos de artistas ajenos a la tierra sembrados ‘a voleo’ por toda la geografía, del este al oeste de la comunidad.

Pero resistimos

«Hay algunos que no quieren venir, y cuando han venido, han venido a la fuerza», decía este 23 de abril el primer presidente —y único progresista de Castilla y León en el cargo— Demetrio Madrid, ante el monolito en el que históricamente se depositan las flores en recuerdo a la lucha de los comuneros. «Pero hay que entenderlos», añadía, «porque si no creen en el verdadero dios, ¿cómo van a creer en Padilla, Bravo y Maldonado, que nos hicieron sentir dueños de nuestra historia y nos impregnaron, sobre todo, de la lucha por las libertades?»

«No es incompatible celebrar y reivindicar las necesidades», intervenía después el secretario general socialista, Carlos Martínez, poniendo un acento más en ese verbo: el de reivindicar, el que tiene que traer enmarcado, en el día de hoy, que el levantamiento de los comuneros tuvo su origen en el distanciamiento entre la sociedad y quien ostentaba el poder.

Según cuenta la historia, la batalla de Villalar de los Comuneros tuvo lugar el 23 de abril de 1521, al término de la lucha de Padilla, Bravo y Maldonado, que lideraban una revuelta anti-señorial. Esa misma historia cuenta también que perdieron la batalla —ahí, donde ahora se dan cita quienes los recuerdan, bailan, cantan y protestan por cosas muy parecidas, si no iguales—, fueron capturados y perdieron sus cabezas, decapitados al día siguiente.

Hoy es 23 de abril.

En los medios de comunicación de todo el país, hoy sigue siendo el día de Sant Jordi y el día del libro y la rosa, como hace décadas. Pero sobre todo, hoy también es el día de Castilla y León, cincuenta años después, aunque fuera de Villalar poca gente lo sepa y en esta tierra se sigan segando las cabezas que protestan.

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