Las pequeñas cosas con importancia

Las pequeñas cosas con importancia

MERCEDES ASENJO – VALLADOLID

Sé que puede sonar a tópico, pero desde pequeña he querido ser actriz, asomarme a otras vidas y ser capaz de abordar otras realidades, pasar por estados emocionales y registros a los que de otra manera quizá no me hubiera aproximado nunca.

Yo quería interpretar a los grandes personajes de la literatura dramática, conocidos y reconocidos por todo el mundo, pero después descubrí que el oficio realmente consistía en abordar cualquier tipo de historia y de vida, personajes anónimos que merecen ser defendidos. La humanidad es amplia, variada y diversa y el alma humana compleja.

Creo que lo que realmente tiene sentido es desaparecer detrás de los personajes y las historias abordadas, diluirse en ellos y encarnarlos en cuerpo y alma

No hay personaje pequeño, todos merecen su oportunidad. A menudo se identifica con la fama o con aparecer en una pantalla, pero realmente este trabajo también puede ejercerse desde el anonimato, es más, creo que lo que realmente tiene sentido es desaparecer detrás de los personajes y las historias abordadas, diluirse en ellos y encarnarlos en cuerpo y alma.

El éxito es poder hacerlo y además poder vivir de ello, cosa que siempre ha sido harto complicado. Aunque este oficio no tiene la exclusividad en este aspecto.

Por eso sólo puedo estar agradecida a la vida porque a pesar de la incertidumbre, de haber tenido que aprender a caminar por la cuerda floja de la precariedad y de la duda, la certeza de la belleza de esta tarea y la convicción de que es absolutamente necesaria, hace que me levante cada día con la ilusión de ir a trabajar.

Este oficio, que se apropia de la vida y la domina casi por completo, tiene un extraño empecinamiento en perpetuarse y expandirse y hay mucha gente que se interesa por aprender sus rudimentos. El teatro, la interpretación tienen un objetivo artístico, pero también se ponen al servicio de la vida, del descubrimiento de la personalidad, la autoafirmación, del desarrollo personal y del acercamiento a los otros.  Por eso tantas personas de tantas edades diferentes desde adultas a niños y niñas de corta edad se acercan al teatro y quieren aprender.

Enseñar me enseña cada día, trabajar con material humano enriquece mi propia humanidad

Hace muchos años que compagino mi faceta de actriz con la de profesora de teatro y tengo que decir que todos mis alumnos y alumnas me han aportado algo a lo largo del tiempo, que enseñar me enseña cada día, que trabajar con material humano enriquece mi propia humanidad y me gusta pensar que eso revierte en mis clases.

Agradezco a cada alumno, a cada alumna y a cada familia que hay detrás de ellos y ellas el estar ahí, creyendo en nuestro trabajo. El teatro es un arte colectivo y se produce en contacto y relación con los demás. Durante la pandemia, cuando todo se paralizó y no podíamos reunirnos para dar clase, las familias y el alumnado nos sostuvieron conectándose a nosotros por internet hasta que pudimos progresivamente volver a la normalidad. Y ahí continúan curso tras curso. Cada año, unos llegan y otros se van, pero la esencia permanece.

La grandeza no tiene que ver con el tamaño ni con la importancia, sino con la repercusión

Hace tres años que también comenzamos en la Compañía con el proyecto de una sala con una programación estable en un barrio de nuestra ciudad, en el barrio de la Victoria.  A ella vienen a actuar a veces primeras figuras, pero también compañías como la nuestra, que hacen un trabajo honesto, que a pesar de llevar muchos años en la brecha y hacer espectáculos reseñables no son muy conocidas por el gran público, pero día a día viven de su trabajo y tenemos espectadores y espectadoras asiduas que acuden con frecuencia y dan sentido a nuestra programación. Esa es nuestra pequeña gran Victoria.

Así que, si hago una revisión de lo que es mi trabajo en todas sus facetas, diría que está lleno de pequeñas cosas aparentemente sin relevancia, pero precisamente eso es lo reseñable. La grandeza no tiene que ver con el tamaño ni con la importancia sino con la repercusión. Una pequeña piedra lanzada a un lago provoca una onda que se expande e influye en lo que pasa en todo su entorno. Ese es el verdadero sentido de mi vida en este oficio. Espero ser la piedra y que el mundo se expanda a mi alrededor.

Mercedes Asenjo es actriz y profesora de teatro en Teatro del Azar

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