Bomberos forestales, la asignatura pendiente

Bomberos forestales, la asignatura pendiente

Es septiembre de 2025 en Valladolid y el monigote de un bombero cuelga de un palo rodeado de petardos y humo amarillo en mitad de una manifestación, convocada a nivel nacional por los sindicatos CCOO y UGT y respaldada por los Bomberos Forestales en Lucha de Castilla y León y las asociaciones de agentes, que recorre la ciudad hasta la sede de las Cortes.

Pero los bomberos y bomberas forestales de Castilla y León no están solos. Los compañeros de toda España acompañan en la protesta y en el sentimiento. Han venido desde Galicia, desde Andalucía, Madrid, La Rioja, Aragón o Euskadi, desde las BRIF, el INFOCA, el INFOAR o el colectivo de agentes medioambientales, reclamando el reconocimiento que la sociedad ya hace tiempo que les dio.

Hay una palabra, justicia, que se repite: las condiciones dignas, los salarios justos, el respeto y el reconocimiento profesional. Piden que acaben la precariedad y la temporalidad; que su voz no deje de escucharse cuando se apaga el verano y los incendios forestales son un horrible recuerdo en los paisajes, las familias de las personas que fallecieron, los hogares perdidos, la maquinaria echada a perder, los animales muertos y los parajes patrimonio de la Humanidad quemados.

Las pegatinas en las camisetas y los gritos a pulmón piden la dimisión del consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, Juan Carlos Suárez Quiñones, que ya culebrea con su rosario, de reunión en reunión, desgranando nuevas promesas, como las de 2022: promete (de nuevo) que estos profesionales, a los que llaman peones, a los que sustituyen por cámaras en sus puestos de vigilancia en el monte, estarán doce meses al año.

Mientras los miembros de otros operativos en el país se ponen ante la cámara mostrando su solidaridad con los compañeros de Castilla y León, que viven la peor situación de toda España, y denuncian también sus mejorables condiciones, los bomberos que luchan en esta comunidad tampoco se olvidan de Mañueco, porque recuerdan que él, el presidente de la Junta, que se somete al juicio ciudadano en las próximas elecciones de marzo, es el último y principal responsable de la situación que viven.

¿Para qué sirven estas protestas?, preguntamos. Y ellos contestan que desde el sofá de casa no se consiguen cosas, que lo último es callar y ser invisibles. Ellos, que protegen nuestras vidas, nuestros pueblos y nuestros árboles, negocios, cosechas y ganado, no agachan la cabeza ante el fuego y tampoco lo harán ante las administraciones.

En este mundo a la deriva tenemos numerosos frentes abiertos, pero los operativos de prevención y extinción de incendios son una de las principales asignaturas pendientes.

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