ANA GAITERO – LEÓN
La provincia de León se quema un verano más. Diez incendios desde el 26 de junio han puesto en jaque a los servicios de extinción. Desde Oseja de Sajambre, en el corazón de Picos, a La Faba, uno de los últimos pueblos de León en el limite con Galicia por el Camino de Santiago; desde Caboalles de Arriba, en la recóndita Laciana, a Navatejera, a la vera de la capital; de Porqueros y Vanidodes, en la olvidada Cepeda a Espina de Tremor, donde el carbón fue calor y luz.
León se quema y oigo voces que vienen de Valladolid, de su centro de poder, que minimizan la tragedia porque muchos de estos fuegos son culpa de los rayos de las tormentas que explotan en las tardes en este sofocante mes de julio. O porque no ha habido que recurrir a la UME.
También oigo voces que vienen del monte. A los agentes medio ambientales los prepararon para la campaña con un mensaje de buena voluntad, a falta de medios operativos suficientes en el inicio de la campaña.
Ha pasado un año de la gran quema de León —115.000 hectáreas, con la superficie ajustada por la Junta— y todo sigue igual. Excepto el paisaje.
Ha pasado un año de la gran quema de León —115.000 hectáreas, con la superficie ajustada por la Junta— y todo sigue igual. Excepto el paisaje: durante todo el invierno he contemplado la tala de los árboles quemados en el camino a Cabrera por la carretera de Castrocontrigo.
También he visto el montaje de un centro logístico de biomasa a la salida de este enclave. Una inversión de 1,6 millones de euros de fondos europeos del programa de Transición Justa, que se suma a otros dos centros estratégicos en Almanza y Llamas de la Ribera. En León avanza la Red de Calor con una macroplanta de biomasa que costará 34,5 millones de euros. La madera importa. Lo que no tenemos tan claro es que los bosques sean importantes en las políticas públicas de Castilla y León.
Pero, sobre todo, estos proyectos se hacen a espaldas de una ciudadanía que ya no existe porque el mundo rural se ha vaciado y hay extensos territorios que son un bocado sabroso para proyectos extractivistas.
León, que tiene un patrimonio forestal ingente propiedad de las juntas vecinales, del común, ha visto cómo en las últimas décadas ha perdido la capacidad de autogestión bajo el mando de la Junta de Castilla y León
León, que tiene un patrimonio forestal ingente propiedad de las juntas vecinales, del común, ha visto cómo en las últimas décadas ha perdido la capacidad de autogestión bajo el mando de la Junta de Castilla y León, que hace y deshace desde la gestión de las suertes hasta los planes de repoblación forestal. El fin de las prácticas de subsistencia agraria y ganadera y la pérdida de democracia nos expropia y nos quema.
Durante treinta años no entró ningún rebaño en Picos de Europa. A los pastores se les tuvo por criminales y a las ovejas por animales sin categoría para pastar en un parque nacional, reservado a la fauna salvaje y a los cazadores. Un error garrafal que se ha querido subsanar en el último lustro y un verano más hay un rebaño trashumante en Pandetrave. ¡Un rebaño extremeño que ha venido a pie desde Trujillo a León!
Cuando llegó el primer rebaño a Picos de Europa tras décadas, el matorral había invadido lo que durante siglos fueron pastos moldeados por el diente de la oveja. Y ya deberíamos saber todos y todas que la matorralización del monte es combustible para cualquier fuego, sea intencionado o por el rayo.
La falta de unas políticas públicas decididas a conservar el monte con todos sus ecosistemas, incluido el humano, ha alentado la voracidad del matorral
La falta de unas políticas públicas decididas a conservar el monte con todos sus ecosistemas, incluido el humano, ha alentado la voracidad del matorral. Una visión idílica de espacios naturales como hábitats exclusivos de la fauna salvaje tampoco ha ayudado al monte.
León cuenta con siete Reservas de la Biosfera, parte de un parque nacional, varios parques naturales… Y un amplio catálogo de zonas reconocidas por su valor natural y ambiental.
El valor de la Montaña de León entró en el mapa mundial como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam) en 2022. Un reconocimiento de la FAO al Sistema Agrosilvopastoril de la Montaña de León, el tercer Sipam más grande después de la reserva de los Masái Maya en Kenia.
Este título apunta por primera vez a la intervención humana como parte responsable de unos paisajes y unos ecosistemas que han pervivido a lo largo del tiempo y merecen ser conservados. Las prácticas tradicionales agroganaderas y silvopastoriles pueden salvar el monte y a los seres humanos porque, en todo este debate de postín ecologista, nos hemos olvidado de la alimentación como sustento imprescindible, una alimentación saludable como la que aportan los productos derivados de la ganadería extensiva.
Hablar de incendios es abordar algo mucho más allá de las llamas
Hablar de incendios es abordar algo mucho más allá de las llamas, cuya extinción supone un coste cada vez más alto en dinero, pérdidas de biodiversidad y riesgo para las vidas humanas.
Ha pasado un año de los fuegos que nos confrontaron con conceptos como incendios de sexta generación y no ha pasado nada, salvo pequeños cambios en el reparto del poder para que todo siga igual o incluso peor, teniendo en cuenta que el primer mensaje del nuevo responsable en el Gobierno autonómico de la lucha contra incendios ha sido reconocer que no sabe cómo se pueden prevenir. Con la misma parsimonia, he oído al director de algún parque que no sabe nada de ovejas y trashumancia. Y eso es muy preocupante.

Cuando el monte se quema, lloramos por pérdidas tan valiosas. Toca secarse las lágrimas y cambiar el pañuelo por reordenar las prioridades políticas.
Las ovejas no son la única solución, pero pueden ayudar a que la voracidad del fuego se aminore. Los rebaños de bomberas nos ayudarán a conservar mejor nuestra biodiversidad y a un coste menos gravoso que los operativos de extinción, que nunca serán suficientes si no se pone remedio en el invierno.
Los incendios se apagan pastando. Que los parques naturales, reservas de la Biosfera y pequeños municipios apuesten por esta actividad tradicional e incluso promuevan rebaños concejiles no debería verse como una idea extravagante. Lo están haciendo las eléctricas para mantener limpias sus estaciones solares, eólicas o líneas de alta tensión.
El grupo ULEGif de gestión integral de los incendios forestales en León surgió de la gran quema de 2025. Su trabajo es a largo plazo, pero necesita medios y reconocimiento de los poderes políticos para que sus esfuerzos no sean en vano. Es hora de que dejemos de oír voces y veamos cambios de verdad.
Cuando el monte se quema, lloramos por pérdidas tan valiosas. Toca secarse las lágrimas y cambiar el pañuelo por reordenar las prioridades políticas. Bajarse del burro de la foto y pisar el terreno al lado de la gente y de los intereses de grandes empresas. Motivar a la gente joven a recuperar viejos oficios con calidad laboral, vital y ambiental. Hay que olvidarse de que la España vaciada se salva con nómadas digitales.
León se quema y solo oigo voces. Y me gustaría oír más esquilas en el campo.
*Las fotografías de Ana Gaitero son de María Fuentes
