Todas las muertes de Raquel Díaz

Todas las muertes de Raquel Díaz

SUSANA MARTÍN – LEÓN

Raquel tenía 44 años. Era madre, deportista, abogada. Moderadamente feliz, “salvo por el infierno que vivía en casa”. Trabajaba en el turno de oficio de violencia de género en Ponferrada para ayudar a víctimas de violencia de género. Ella también lo era, pero nunca fue capaz de verbalizarlo hasta que fue demasiado tarde.

Raquel había hecho testamento vital porque hubo muchas veces en que temió por su vida. “Sabía que acabaría matándome”. Pasó mucho miedo, aún tiene pesadillas con su agresor, pero nunca logró separarse de su verdugo.

Raquel está viva. Viva… y rota. Hace hoy seis años sobrevivió a una paliza salvaje en Toreno. Muñoz la lanzó por el balcón de la casa familiar y bajó después a apalearla por todas partes

Su exmarido, el expolítico berciano Pedro Muñoz (pasó por seis partidos políticos, selló alianzas con quien hizo falta) cumple casi 17 años de condena en Asturias por intentar matarla en la última paliza que le dio: la dejó parapléjica y con secuelas neurológicas irrecuperables. No la mató, pero Raquel siente que no todo es vivir. “Tengo una discapacidad física y mental del 87%”.

Pedro Muñoz, en el centro (Fotos SM)

Raquel está viva. Viva… y rota. Hace hoy seis años sobrevivió a una paliza salvaje en Toreno. Muñoz la lanzó por el balcón de la casa familiar y bajó después a apalearla por todas partes. La lista de las 17 lesiones que le causó estremece. Raquel sobrevivió a cuatro operaciones a vida o muerte. Pasó por varios hospitales. Peleó por mantener la cordura en varias residencias geriátricas y psiquiátricas.

No pocas veces habla del infierno de la soledad, de la muerte como alivio, de si merece la pena vivir una vida de la que una no es dueña. Raquel, que este año ha cumplido medio siglo, habla con tristeza de testamentos vitales, de últimas voluntades, de eutanasia.

Cuando está mejor, relata con todo detalle cómo logró empezar a recuperarse “para que se supiera la verdad”, y durante los primeros años, hasta que por fin se celebró el juicio a su agresor, insistía en que su mayor temor era que todos creyeran a su maltratador.

Con mucho sufrimiento, Raquel había leído las declaraciones de su exmarido en sede judicial. Cuando nadie confiaba en que ella abriera los ojos y recordara, él “fue recordando” -a su manera, cargando contra ella- y dio varias versiones de lo que pudo haberle pasado a su mujer, versiones cada vez más insultantes.

“En El Bierzo todos me daban por muerta: en mi partido, en el Colegio de abogados, en el Ayuntamiento de Ponferrada, entre mis amigas del alma…”

Cuando empezó a mejorar, Raquel quiso leer casi todo lo que se había escrito sobre su caso. Lloró, se cabreó, tuvo claro que no pensaba rendirse. Pidió cambiar de abogado, y aquí hay que recordar que ninguno de sus colegas bercianos quiso llevar su caso… “En El Bierzo todos me daban por muerta: en mi partido, en el Colegio de abogados, en el Ayuntamiento de Ponferrada, entre mis amigas del alma…”

El hombre que había intentado asesinarla contó que ella se subía a veces al tejado a por los gatos (de noche), que tenía ataques de ira, que bebía muchísimo alcohol, que tomaba pastillas para dormir, que se adoraban, que él le había pedido el divorcio… Versiones para ensuciar el recuerdo de una mujer que si hubiera muerto no habría tirado del hilo de lo que de verdad había ocurrido en aquella ‘casa de los horrores’ repleta de golpes y sufrimiento.

Raquel ha vuelto a acudir a los tribunales para saber por qué nadie acudió a auxiliarla cuando pidió ayuda al 112 en 2018. Ella llamó “en medio de otra bronca, pero nadie vino”. Puede que algo tenga que ver que el agresor era entonces concejal llave en Ponferrada. En 2018 con el PP, en 2020 con el PSOE y Podemos… “Y esa red clientelar que fue tejiendo explica tantos silencios y tantos posicionamientos a su lado”, contó ella en el juzgado y en varias entrevistas.

“La escucha y la comprensión tienen efectos curativos importantísimos en las víctimas”

Puede que lo que más necesite una víctima sea sentirse escuchada. Poder contar qué pasó, qué le hacía su agresor y cómo de atrapada se sentía ella en esa casa, qué recuerda y qué quiere que se sepa. “La escucha y la comprensión tienen efectos curativos importantísimos en las víctimas”, asegura.

De aquella vez que pidió auxilio en 2018 le queda aún a Raquel la pena de si podrían haberle salvado la vida… A través del sistema informático Sispol para la gestión integral de la operativa policial, pudieron ver registrado el aviso del 112 a través de la aplicación que utilizaban los municipales, Eurocop Cabinas. En el aviso 2018/018066 sólo aparecían tres datos junto al número de móvil de Raquel Díaz: su nombre, una dirección que no era la de ella y una curiosa anotación. Aunque fueron llamados a declarar por este episodio dos agentes municipales y el jefe de la Policía Local de Ponferrada, ninguno explicó por qué en la ‘ficha’ con los datos de Raquel aparece una dirección que no es la suya y que coincide con la vivienda que ocupaba la primera mujer de Muñoz.

Más llamativo aún es saber, y tampoco por ahora ha habido respuesta, que en la parte inferior de la ficha, en el apartado ‘Notas’ alguien escribió el nombre de Pedro Muñoz y la calle Juan de Lama, aquella a la que sí acudió la Policía Local cuando Raquel llamó desesperada en 2018. Allí nunca vivió Raquel.

Cuando Raquel despertó del coma y pidió declarar ante el juez en octubre de 2020 (aún muy maltrecha y medicada) indicó que «en otra ocasión» la Policía estuvo en su casa y sólo habló con Pedro Muñoz, aunque Raquel Díaz nunca ha recordado más detalles sobre esa supuesta visita. “He ido recordando cosas, estoy mucho mejor, pero hay otras que no las recuerdo bien, y otras que he leído en el sumario que ni me suenan, como la bronca de horas que encontraron grabada en mi móvil”.

Aquella declaración de Raquel fue la que llevó al juez que entonces instruía el caso a llamar como testigo al intendente de la Policía Local de Ponferrada, Arturo Pereira, de quien Raquel había dejado caer que «estaba por medio», que “era íntimo de Muñoz” y que le tenía miedo «porque era concejal de Bienestar Social y mandaba mucho».

Por qué cuando la operadora del 112 volvió a llamar a la Policía Local para interesarse por el estado de la mujer que pedía desesperadamente auxilio se le dijo que ya habían acudido, ni se explica por qué los agentes que acudieron se conformaron con entrar al portal

Ante el juez, Pereira desmintió el relato de Díaz sobre una posible visita de la Policía Local a la vivienda de la pareja y declaró «no tener ni idea de por qué esta fabulación de Raquel». Cuando la fiscal le preguntó si era un rumor extendido en la ciudad que Pedro Muñoz maltrataba a Raquel, el máximo responsable de la Policía del Ayuntamiento de Ponferrada —gobernado en 2018 por Gloria Fernández Merayo (PP), gracias a un acuerdo con el partido de Pedro Muñoz (CB)— respondió que él «también había oído rumores de que era Raquel la que maltrataba a Pedro».

El intendente de Ponferrada confirmó ante el juez que en los registros de la Policía que dirige «no constan intervenciones con esta pareja ni en su domicilio». A petición del instructor, Pereira redactó después un informe exhaustivo. En las 24 páginas no figura el motivo por el que la Policía Local tiene registrado el móvil de Raquel Díaz con una dirección errónea (el padrón municipal deja claro que se trata del domicilio de B.B., la primera mujer de Muñoz), ni quién, cuándo y por qué realizó la anotación ‘Pedro Muñoz’ en la ficha de Raquel, que tenía el móvil a su nombre y adscrito a la dirección en que ella vivía.

Tampoco se explica en el informe por qué cuando la operadora del 112 volvió a llamar a la Policía Local para interesarse por el estado de la mujer que pedía desesperadamente auxilio se le dijo que ya habían acudido, ni se explica por qué los agentes que acudieron se conformaron con entrar al portal («la puerta estaba abierta») y subir las escaleras, o por qué se fueron del lugar sin llamar a ninguna puerta «al no escucharse ruidos», pese a que la llamada al 112 dejaba claro que una mujer parecía estar en situación de grave riesgo.

¿Era el concejal de Coalición por el Bierzo tan temido por sus socios de gobierno como Raquel contó al juez tras el episodio brutal que la dejó parapléjica en 2020?

¿Pudo de alguna manera Pedro Muñoz, entonces edil y miembro del equipo de gobierno de Ponferrada, manipular a alguien en el Ayuntamiento para que en caso de que Raquel quisiera denunciarle no lo consiguiera? ¿Es posible que el expolítico -que pasó por 6 partidos- tuviera ‘mano’ para conseguir que, pese a que ella pidiera ayuda al 112 aquel 13 de marzo de 2018, nadie acudiera a auxiliarla? ¿Era el concejal de Coalición por el Bierzo tan temido por sus socios de gobierno como Raquel contó al juez tras el episodio brutal que la dejó parapléjica en 2020?

Además del día de su llamada al 112 (13/3/2018) y la noche en que la joven abogada de Villablino quedó en silla de ruedas en la ‘finca de los horrores’ de Toreno (27/5/2020), a las fechas de episodios de violencia de género acreditados en sede judicial hay que sumar al menos otras dos: agosto de 2017, una fuerte discusión en Toreno (la hermana de Raquel se encontraba allí y escuchó la bronca, los ruidos, los lamentos y llantos de Raquel); y febrero de 2020, con otra presunta paliza en Toreno que Raquel grabó, aunque ya no se acuerde.

Aunque podía acogerse a su derecho a no declarar, a cada una de estas palizas que propinó Pedro Muñoz a su entonces mujer quiso él dar su versión en sede judicial. «Teníamos una relación idílica», aseguró Muñoz ante la jueza. «Si tuvimos problemas en el pasado, de índole no penal, los problemas estaban superándose, creo que fue la época más feliz de mi vida».

Pedro Muñoz, que nunca reconoció lo que le hizo a Raquel ni mostró ningún tipo de arrepentimiento, cumple condena en el centro penitenciario de Villabona, en Asturias

A la espera de que se resuelvan en el Supremo los recursos a la segunda condena de Muñoz, que fue condenado por alzamiento de bienes a 15 meses, como sus dos hijos, Raquel Díaz sigue confiando en la justicia. Cree que será interesante saber qué ocurrió de verdad con su petición de auxilio de 2018 y reconoce que duda que vaya a recibir la indemnización de 1,5 millones de euros que consta en la sentencia —ya firme— que condenó a Pedro Muñoz 16 años y 11 meses por lesiones agravadas y varios delitos de maltrato.

De ese juicio a Pedro Muñoz en la Audiencia Provincial de León por intentar matar a Raquel hace hoy seis años, quien escribe estas líneas nunca olvidará la declaración de su primera exmujer. Cuando el abogado de Raquel preguntó a B.B. si ella alguna vez había sufrido malos tratos durante los cuarenta años de matrimonio con el acusado, la mujer, enfermera, se encogió y sólo dijo: “No, que yo sea consciente”. Hubo un silencio atronador en la sala. Escalofríos.

Pedro Muñoz, que nunca reconoció lo que le hizo a Raquel ni mostró ningún tipo de arrepentimiento, cumple condena en el centro penitenciario de Villabona, en Asturias. Ella teme que un día Muñoz querrá publicar “otro de sus escabrosos libros”.

Raquel Díaz, a pesar de los pesares, vive como puede en el enésimo centro de mayores. Casi siempre consigue mantener el ánimo a raya y sueña con vivir en un centro en que no sienta que es ella quien está presa. Se sigue preguntando por qué tantos le han dado la espalda a ella. “He sentido culpa y vergüenza, como nos pasa a tantas víctimas, pero ahora siento lástima  y asco por todos los que han preferido darme por muerta”.

Raquel vive. Contará su historia a todos los que quieran escucharla.

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