Los helicópteros sobrevolaban la ciudad, pero no disparaban a la gente. Abajo no había hambre ni destrucción, sino un despliegue inmenso y carísimo.
La gente gritaba «Palestina ganará». La policía vigilaba el recorrido y las calles hervían, de unas y otras cosas. También de indignación; «S.O.S. Gaza», «Paremos el genocidio», «Israel genocida», «Palestina libre».
El granito a granito de la ciudadanía, al menos de una parte, se hacía escuchar en la contrarreloj de la Vuelta Ciclista a España a su paso por Valladolid.
«Mi padre es palestino, sí; salimos a la calle para intentar parar la impunidad de Israel en esta limpieza étnica».
«Lo que se está permitiendo hoy en Palestina del gobierno de Netanyahu debería ser una denuncia masiva, de todo el mundo, independientemente de sindicatos o partidos de izquierdas; todo el mundo a la calle, porque no podemos permitir que seamos tan inhumanos».
Bajo la pancarta de Humanity is more important than your race, se escucha un lamento: «La vida de las personas es mucho más importante que cualquier evento deportivo o de ocio; y hoy estoy triste, porque hay mucha gente que no entiende esto y eso demuestra la deriva a la que vamos; me siento, en parte, contenta de no tener hijos, porque no me gusta nada lo que pinta para el futuro».

