En poco más de 24 horas desde que lo lanzamos, el tuit suma medio millón de visualizaciones y los dos tipos de personas se multiplican en las redes sociales. Los comentarios varían de un extremo al otro e, inevitablemente, en Twitter —donde el anonimato y las tripas sacan lo peor de muchos y lo mejor de otros— el asunto del premio gordo de la lotería en Villamanín y las reacciones de sus vecinas ante el conflicto de las papeletas vendidas se ha viralizado de forma extraordinaria.
Probablemente ya se ha escrito todo acerca de la que han mangado ese grupo de chavales, menores o recién cumplida la mayoría de edad, que decidieron, como cada año, comprar unos décimos de lotería para venderla entre sus vecinos y financiar así las fiestas del pueblo.
Ya no sabemos si para bien o para mal, el sorteo se encaprichó de este lugar, concediéndole el premio gordo de la Lotería Nacional a estos chicos, héroes para unos y estafadores para otros, y el azar decidió que llovieran millones sobre sus cabezas, para algunas un regalo y para otras nunca suficiente en cuanto se planteó compartir lo ganado.
Trece segundos y dos miradas
En los cientos de comentarios al tuit, en el que montamos brevemente —13 segundos— las opiniones de dos mujeres extraídas de un vídeo de las noticias de Antena 3, llaman la atención dos cosas: el juicio de los usuarios de redes sociales sobre su aspecto y la politización de sus actitudes, evaluando sus miradas y sus palabras, pero incluso aventurándose acerca de su clase social o su tendencia política. Hay quienes aplauden a la que «defiende lo suyo» y hablan de fraude, pero en su mayoría los usuarios abogan por el error cometido y la mirada que dirige al periodista la segunda mujer, agradecida por lo que ahora puede tener y no tenía.
Y en cada comentario —sobre si la cara es el espejo del alma, si las miradas demuestran qué tipo de personas son o si el piercing en la nariz es propio de quien consume drogas o vota Vox o PSOE; si los ojos de comprensión de la segunda mujer son señal de solidaridad o si el pecado original es la codicia— vuelve a mostrarse cada ser humano.
Al margen del debate sobre qué atributos, qué forma de hablar, qué mirada o apariencia vemos en esos trece segundos, reconocemos a los ‘buenos’ y ‘malos’ y nos reconocemos en ellas: en quien dice que no renunciará ni a un euro de lo que «ha pagado… comprado» —en realidad 5 euros—, o en quien reconoce que el 21 de diciembre no tenía nada y ahora tiene «algo».
Cuando el embrollo de Villamanín se resuelva, quedará la reflexión sobre cuán distintas, en función de nuestras convicciones preexistentes, son nuestras opiniones y hasta dónde llegan nuestros pre-juicios.
Y libres como somos, nosotras, que nos definimos solidarias y luchadoras por el bien común, estamos convencidas de que la segunda mujer que habla en el vídeo es aquella a la que queremos como ser humano y a la que votaríamos, sin duda, vote ella al partido que vote, si es que vota.
Ella, sí: siempre en nuestro equipo.

