ÁGUEDA ZARCO – BADAJOZ
El nuevo año comienza y lo hace como un vendaval. Apenas nos dio tiempo a hacer el balance de 2025 cuando Trump entró por nuestras ventanas, analógicas y digitales, sin dejarnos reposar las doce uvas ni el roscón de Reyes. Es el suma y sigue del mundo en que vivimos y de una sociedad intoxicada de información, sin tiempo para digerirla. La velocidad con la que se suceden los hechos y la multiplicación de canales de difusión es tal que hemos perdido las referencias. Cuando nos hemos querido dar cuenta, resulta que ya no sabemos diferenciar lo auténtico de la imitación y, lo que es peor, la verdad de la mentira. ‘¿Esto es real?’ es el comentario más generalizado en redes sociales a noticias, imágenes o acontecimientos de diversa índole.
Todo se emborrona desde que cualquiera con un móvil se convierte en reportero o reportera improvisada, con pedigrí y hasta especialización
Como periodista, observo detenidamente el cambio que sufre el escenario comunicativo y mediático en los últimos años. Tanto que ya no sabemos quiénes son los actores principales, los secundarios y los extras. Todo se emborrona desde que cualquiera con un móvil se convierte en reportero o reportera improvisada, con pedigrí y hasta especialización. Pareciera como si cualquier sujeto con trípode y micro inalámbrico estuviese legitimado para informar. De este modo y ante la sobreabundancia de información es más fácil que la verdad se diluya.
Quizás sea muy purista o anacrónica, pero a mí me gustaba cuando los micros otorgaban autenticidad, notoriedad y respeto por quienes los usaban. Eran sagrados para entrevistadores y entrevistados. Ahora, en cambio, raro es el que grabando con su móvil no lleva uno en la mano para pseudoinformar sin dejar de estar a la moda.
Con frecuencia en estos tiempos me acuerdo de las clases de Teoría de la Comunicación de la facultad. Han pasado muchos años, 30 para ser exactos, pero no me olvido; debí atender muy bien ese día. Entonces, nos enseñaban que la cadena de la comunicación era unidireccional: emisor-mensaje-receptor. Hoy ya todos somos emisores.
El formato y la estructura impactan más en la sociedad que el contenido que transmite. Ahora ese medio, un móvil, parece habilitarte para lo que antes solo te autorizaba tener el título universitario y auténtico compromiso social
De toda la teoría que aprendimos, solo sobrevive lo que nos enseñó McLuhan, ese filósofo visionario que ya en los años 60 dijo: “El medio es el mensaje”, Y así, más que nunca, sigue siendo. El formato y la estructura impactan más en la sociedad que el contenido que transmite. Ahora ese medio, un móvil, parece habilitarte para lo que antes solo te autorizaba tener el título universitario y auténtico compromiso social.
Por delante, vayan mis respetos hacia todas esas personas que, de manera consciente y comprometida y desde sus diferentes profesiones, utilizan los canales digitales para contribuir eficaz y positivamente con sus conocimientos. Pero, al margen de ellos y ante todo ese aluvión de otras, que cuentan y analizan los acontecimientos por entretenimiento, diversión o para buscar notoriedad, dejen que les diga que el periodismo no es el Hacco. No admite copias y tampoco impostores.
El periodismo es desafiante y debe seguir siéndolo en una sociedad emborronada donde ya no sabemos si quien canta es de carne y hueso o si este artículo ha sido escrito por mí o por la IA
El periodismo es desafiante y debe seguir siéndolo en una sociedad emborronada donde ya no sabemos si quien canta es de carne y hueso o si este artículo ha sido escrito por mí o por la IA. No dejemos nunca de buscar los auténticos canales y medios de comunicación, pero sobre todo a sus profesionales. Solo así cuidaremos de la verdad en un mundo más necesitado de ella que nunca.


Todo ha cambiado en este mundo de vértigo en el que vivimos, pero los principios del periodismo siguen siendo los mismos: verdad, rigor, compromiso… Tal vez los medios estén ahora centrados en la necesidad de tener muchos clicks, muchos impactos, muchos vídeos espectaculares… Pero lo verdaderamente importante es la credibilidad, contar con profesionales rigurosos, con informaciones que realmente sirvan para mejorar este mundo en el que vivimos. Es ahí, Agueda, donde se necesitan perofesionales que hagan el buen periodismo del que tú hablas, el que nos enseñaron en la facultad. Enhorabuena por tu artículo!!!