Belén Artuñedo, escritora: «Es imposible no tomar conciencia de las encrucijadas y la sumisión, todavía, de algunas mujeres»

Belén Artuñedo, escritora: «Es imposible no tomar conciencia de las encrucijadas y la sumisión, todavía, de algunas mujeres»

“Mujeres que leen” recoge palabras e imágenes de una charla sobre cuadros de mujeres lectoras que ofreció la autora en el Museo del Prado en 2024

Durante siglos, solo las mujeres de la aristocracia o las consagradas a la religión tenían acceso a la educación y a la lectura. Con el progresivo aumento de la alfabetización, la mujer empieza a buscar sus espacios de lectura en la casa, vinculados a la educación de los hijos. Desde el XVII encontramos cuadros de mujeres leyendo, que serán más numerosos a partir del XVIII.

Las bibliotecas y las alcobas se convierten en ámbitos de intimidad donde las mujeres exploran las emociones y sensaciones que encuentran en los libros. Y estos son percibidos como un peligro; de ahí que encontremos cuadros que sugieren la lectura femenina como un acto diabólico que arrastra a la mujer a la perdición.

El libro que acaba de publicar Belén Artuñedo (Zamora, 1962), profesora en el Departamento de Francés de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, “Mujeres que leen”, con el subtítulo «Una habitación propia», recoge palabras e imágenes de una charla sobre cuadros de mujeres lectoras que ofreció la autora en el Museo del Prado en noviembre de 2024.

Pregunta.- Este libro surgió de una pasión.

Respuesta.- El libro surgió a raíz de una conferencia que impartí en el Museo del Prado en un ciclo que se llamaba “El color de las palabras”, dirigido por Fernando Beltrán, para el que me pidieron que explicara una pasión que cultivo desde hace cuarenta años, que es la colección de postales que representan cuadros de mujeres leyendo. Eso me dio pie a reflexionar sobre por qué los pintores de muchas épocas, cuyos cuadros están en el Prado y en otras pinacotecas, eligieron a la mujer como alegoría o representación de la lectura.

P.- En tu reflexión haces hincapié en que la lectura supone una especie de liberación femenina.

R.- Las mujeres estuvieron reducidas al analfabetismo mucho tiempo, pero hubo reductos como la religión en los que tuvieron acceso a la cultura, y a raíz del Renacimiento empezaron a tener otro lugar tanto en la escritura como en la lectura. Pero es verdad que en la historia de la pintura hay muchas imágenes de mujeres como las de la Virgen en la anunciación, o las de María Magdalena en la penitencia, que muestran a la mujer elegida para ser la madre de Cristo y a la que sufre el duelo por la pérdida del ser amado. Y ambas están leyendo, aunque en realidad, la mujer leyendo empieza a tomar peso en el siglo XVIII, en los salones en los que las mujeres empezaron a ser muy influyentes, siempre aristócratas o de la alta burguesía, que dirigían las relaciones públicas y organizaban tertulias de intelectuales en sus casas. En el XIX ya accedió la burguesía a la educación y las mujeres se hicieron dueñas de las bibliotecas, que siempre fueron lugares un poco peligrosos. A partir de ese siglo aparece la individualidad, la mujer en sus espacios, adueñada de su vida, su educación y sus intereses, que va adquiriendo poder progresivamente. Y en el XX, abiertamente, imágenes de sexualidad y erotismo.

P.- Da la sensación de que estos cuadros no son del conocimiento común, porque la anunciación que la mayoría conocemos no está leyendo.

R.- Bueno, recientemente se han publicado varios estudios sobre la representación de la mujer lectora. Hay un libro que se llama “Las mujeres que leen son peligrosas”, que apareció cuando yo llevaba veinte años recopilando lectoras, pero es verdad que todos hemos visto en los museos imágenes de la virgen y de anunciaciones leyendo y nunca hemos analizado lo que representaba ese libro: el verbo, la revelación, pero al mismo tiempo la condena de una mujer humana que renunciaba a su vida, su sexualidad y su ser mujer para convertirse en ‘la elegida’ y siempre sometida al destino de su hijo. Pasa lo mismo en el caso de la Magdalena, Santa Cecilia o Santa Catalina, que siempre aparecen leyendo también. Lo que interesa es saber por qué los pintores, que eran hombres, eligieron a las mujeres para representar la lectura. Creo que porque para las mujeres la lectura se convirtió en un reducto de soledad donde soñar otras vidas, que antes les había sido un terreno vedado, y esto es fundamental para la liberación de la mujer.

P.- ¿Y cómo analizas a día de hoy esa liberación de la mujer, su papel como lectora y su reticencia, todavía, no sé si suya o de la sociedad, sobre la sensualidad y la sexualidad en este siglo que estamos viviendo?

R.- Siempre ha sido un tema mediatizado por otras cuestiones. Están presentes muchos factores, fundamentalmente la educación, la religión y que venimos de una ideología y creencias judeocristianas complicadas de manejar. Pero creo que a partir del siglo XX las vanguardias liberaron a la mujer en toda su sensualidad y su erotismo, aunque es necesario saber que esa mujer leyendo viene desde los inicios del arte.

P.- ¿En qué época crees que estamos ahora mismo, en toda esta ‘revolución antifeminista’?

R.- Ha cambiado la forma de leer, los formatos, pero se lee mucho. Continuamente se comenta el porcentaje altísimo de mujeres que leen. Si se lee, es que la curiosidad nos lleva a explorar y contrastar otras realidades o mundos posibles, y sólo así se puede desarrollar un espíritu crítico para no caer en la desinformación, demagogias y populismo, que siempre están en contra de la libertad de todos, y por supuesto de la mujer. Creo que el feminismo debe seguir trabajando y reivindicándose porque los valores adquiridos están amenazados por esta involución. Pero son quizás las redes sociales las que nos alejan de una práctica que es la lectura; y si una tiene conocimientos, acumula experiencias, información y emoción sobre la historia, sobre lo que hemos vivido y nuestros orígenes, es imposible no tomar conciencia del mundo, de las encrucijadas, de las injusticias, de la sumisión que todavía perdura en algunas mujeres y de los muchos caminos ya recorridos, pero también de los que quedan por delante. Todo eso desdibuja la cultura. Actualmente, yo creo que la cuestión es una batalla cultural y creo que las personas sensibles al relato, la belleza, la memoria, la historia y el arte tienen que seguir dejando testimonio y marcando caminos para conseguir que quienes están en el impulso de la rentabilización y aceleración del tiempo sean capaces de analizar y pensar de dónde venimos.

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