MARÍA MOLA – BURGOS
Desde que se comenzara a popularizar la creación y difusión de memes, él era la estrella. Todos aludían a su fama de eterno picaflor. Lo que ahora descubrimos que es picaba, sí, pero sin el consentimiento de la ‘picada’. Eso no es ser un golfo, ligón o donjuán: se llaman agresores, violadores. Se llaman miserables. No se llaman; siempre y cuando te lo puedas permitir.
Las ‘obregonas’ de la vida desconocían por completo estas actitudes: por ser mujeres con red social y económica a quienes jamás se atrevería a tratar de ese modo
Las presuntas víctimas de Julio Iglesias, para sorpresa de la señora Obregón, eran mujeres de entornos pobres, jóvenes y atractivas. En la combinación de esos tres ingredientes hallaba este varón su objetivo perfecto. Por eso, las ‘obregonas’ de la vida desconocían por completo estas actitudes: por ser mujeres con red social y económica a quienes jamás se atrevería a tratar de ese modo.
Así que al castigo a la pobreza y la desesperación por mantener un salario se le une que una señora te cuestione porque no te apuntaban con una pistola en la sien. La blindada condenando a las vulnerables desde su búnker social, el que la aísla de todo lo que sufrimos la mayoría de las mujeres. Hemos de suponer que no está familiarizada con la noción de ‘consentimiento viciado’, pero muchas sí lo están, y no precisamente por contar con estudios superiores en Derecho.
Recuerda este episodio a otro que nunca olvidaremos: el ‘piquito’ de Rubiales. Tenía a centímetros a la monarca Letizia Ortiz, pero jamás habría procedido con ella a un comportamiento impropio
Recuerda este episodio a otro que nunca olvidaremos: el ‘piquito’ de Rubiales. Tenía a centímetros a la monarca Letizia Ortiz, pero jamás habría procedido con ella a un comportamiento impropio, por mucha confianza que hubiera en un escenario alternativo. Porque esa es la filosofía: dividir a las mujeres entre las premium y las del montón. Y las del montón, o montón para abajo, no merecen el mismo respeto. Por resumir, que esto es muy facilito: las primeras sí y las segundas no.
Para rematar el shock, señoras con un privilegiado espacio de cara a conformar la opinión pública lo utilizan para defender a los presuntos monstruos a golpe de cuestionamiento de sus víctimas. Sobre Ayuso no me pronuncio: Ayuso y sus ayusadas. Está por demostrarse que posea una capacidad adulta de distinción entre el bien y el mal. Está por comprobar que tenga alma.
Ellos distinguen a la perfección a quién acosan, miden las consecuencias de sus actos
Es extraordinariamente frecuente escuchar a mujeres poderosas de cuna o al abrigo familiar o conyugal que ellas no han sufrido esta condena. Solo dan la razón a quienes denunciamos estos hechos. Ellos distinguen a la perfección a quién acosan, miden las consecuencias de sus actos y por eso tampoco están en absoluto vinculadas esas atrocidades a una enfermedad mental, a algo irrefrenable. Confirman esas declaraciones igualmente una segunda realidad: la irresponsabilidad enorme de no ponderar el eco de tus afirmaciones cuando en tu posición —de conocida, de popular, de imitada— discurre de forma inherente la obligación de meditar antes de manifestarte.
No hay 25 de noviembre ni 8 de marzo en el que, como una triste metáfora de esta lucha, parados o en sentido contrario a las manifestaciones discurren quienes nos miran atónitos y atónitas, con sonrisa de asombro al escuchar una de las frases más coreadas: no es un caso aislado, se llama patriarcado.
Esto es así y se ilustra con episodios como los protagonizados por ese señor, que canta a la vida y canta al amor. Al que gustan las mujeres y gusta el vino. Joder, si llegamos a no gustarle…

