ESTHER REDONDO – MADRID
No son pocos los socialistas que estos días evocan a Stefan Zweig y su fantástico libro “Momentos estelares de la Humanidad”. Un libro que, a través de personajes históricos, como Napoleón, Dostoievski o Cicerón, refleja que la historia no siempre es racional ni lineal. Que a veces un solo instante, una decisión no esperada, puede ser decisiva para cambiar el rumbo del destino. Y que existe el triunfo en la derrota.
Hay quienes afirman que el candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, tiene muchas papeletas para revalidar su poder autonómico. Y que lo hará de la mano de un Vox crecido, disparado, que impondrá su marco de negociación sin apenas resistencia. Un PP que llevará a Castilla y León a cuatro años más de políticas conservadoras donde vuelvan a cuestionarse algunos derechos, como el del aborto. Pero sueñan los socialistas con un marcador ajustado con el PP. Con empatar o ganar a Mañueco por tan sólo un escaño. Porque eso reflejaría no sólo que el PSOE sigue teniendo músculo, sino que es competitivo. Ese escenario cuestionaría, además, la estrategia de Núñez Feijóo de imponer a sus presidentes autonómicos un carrusel electoral con la única obsesión de desgastar a Pedro Sánchez hasta la batalla final, hasta las elecciones generales. “Ese escenario sería la leche —dice un destacado miembro del gobierno de Sánchez—, cambiaría la película, sería un notición”.
En la sala de máquinas de Ferraz creen que hay partido. Están convencidos de que no van a revivir en Castilla y León el drama de Extremadura y de Aragón.
En la sala de máquinas de Ferraz creen que hay partido. Están convencidos de que no van a revivir en Castilla y León el drama de Extremadura y de Aragón. Que la victoria del PP, si la hay, será pírrica y que la campaña va a ser decisiva. Esta vez sí. Pero no ocultan su preocupación por la volatilidad del voto. Recuerdan que el 7% de los electores no decide hasta el último día a quién va a votar. Y que Vox tiene mucho voto oculto. De ahí que el sondeo preelectoral del CIS marque “horquillas” amplias (entre 28 y 38 escaños para el PP, entre 26 y 35 procuradores para el PSOE). Gran incertidumbre para la noche electoral del día 15 de marzo en la que vamos a asistir a un baile de escaños hasta el último minuto.
Pero ¿cómo es posible que en treinta y nueve años la izquierda no haya conseguido acabar con la hegemonía del PP en Castilla y León? El PSOE tuvo una oportunidad histórica con Luis Tudanca en el 2019. Logró 35 escaños. Pero Albert Rivera aguó esa fiesta, apoyando al PP. La famosa frase del italiano Giulio Andreotti puede servir de explicación: “el poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene”. El desgaste de no gobernar durante tanto tiempo ha podido pasar factura al PSOE. Pero estaría bien que se hiciera algo de autocrítica. Porque muchos electores señalan que han echado en falta en el PSOE de Castilla y León un perfil de alternativa. Durante años no lo han percibido como tal. “Agricultores, ganaderos, cazadores se han visto como los grandes perdedores de la Agenda 2030, que a capa y espada ha defendido el PSOE”, señala un destacado dirigente de la dirección federal, justificando con estas palabras el músculo de Vox en las zonas rurales. El partido de Abascal, situado en la cresta de la ola y con serias posibilidades de seguir creciendo, para disgusto del PP.
Castilla y León merece su momento estelar. Que algo ocurra. Que se agite el tablero. Que algo cambie el destino. Y el candidato socialista, Carlos Martínez, tiene la obligación de intentarlo.
Nadie, ningún partido en Castilla y León, ha dado todavía con la clave para combatir el principal problema de esta tierra, la despoblación. Lo que más inquieta a los castellanos y leoneses, según el CIS. Los jóvenes emigran a grandes capitales para buscar futuro y los pueblos se vacían. Pueblos sin alma.
Castilla y León merece su momento estelar. Que algo ocurra. Que se agite el tablero. Que algo cambie el destino. Y el candidato socialista, Carlos Martínez, tiene la obligación de intentarlo. Tiene que pelear, al menos, por un empate técnico. Eso significaría no sólo que hay latido de la izquierda en esta tierra. También, que Pedro Sánchez puede darse una alegría el 15-M e intentar revertir este “viacrucis electoral” al que le está sometiendo Feijóo.

