Lo de Trump y su troupe

Lo de Trump y su troupe

QUILAMA – VALLADOLID

Lo de este tiparraco era evidente. Lo era desde mucho antes de que el año pasado se proclamara presidente de los Estados Unidos por segunda vez. En la portada de CNN podía apreciarse aquella noche, sobre un mapa teñido de rojo y azul, la diferencia en porcentaje de voto: un 75% para Kamala Harris, un 77% para Donald Trump. En el camino entre aquello y la distopía de ahora, todos los votos perdidos, ausentes de las urnas y que los demócratas no fueron capaces de movilizar. En el otro extremo, las noticias falsas, la desvergüenza, la sinrazón y la soberbia de un grupo de élite sin escrúpulos que arrastró a millones de pobres crédulos en su deriva.

El último vídeo de este ser para el que me faltan adjetivos, compartido en redes por la periodista Almudena Ariza, no deja lugar a dudas a cualquiera con dos dedos de frente: hemos llegado a lo que hasta hace poco nos habría parecido impensable; hemos llegado a que la burla de un mandatario contra los cientos de miles de manifestantes que piden en su país el fin de su trastorno autoritario se convierta en viral.

Míster Trump y su troupe reaccionaria, la que emula sus pasos en Europa y acecha el poder en España, ha perdido todo tipo de sonrojo llevando al extremo su espiral de locura disfrazada de reinado por la paz: la recreación en imágenes de la planificación urbanística de un resort sobre la destrucción de Gaza se les queda pequeña.

Así que la respuesta a quienes tenían o han tomado conciencia en estos meses de lo nocivo de la elección democrática en aquel país y salen a las calles reclamando el ocaso del tóxico reinado no podía ser otra que tirar de nuevo de la inteligencia artificial para que el dios de pacotilla que habita la Casa Blanca, feliz bajo su corona y con la mascarilla a medio colocar, el multimillonario sin vergüenza que se permite ridiculizar a otros presidentes en actos públicos de carácter internacional, pasee su ignominia sobre un avión de combate lanzando mierda sobre las calles de sus ciudades y su ciudadanía: en castellano «me cago en vosotros». Una oda a la cutrez y al desprecio que no se esperaría ni del más patético de los bufones.

Al margen de la evidente perturbación psicológica del personaje y de todos los que le rodean, cabe hacerse la reflexión sobre la responsabilidad de haber puesto a los mandos del planeta a un individuo que sufre del mismo narcisismo y consiguiente complejo de dios que Aznar; modelo que ahora se encumbra desde la extrema derecha española y la no tan extrema.

Los norteamericanos tienen un problema —que también es nuestro— pero a este lado del Atlántico tenemos otro. Nosotros, en nuestra pequeña península, hemos sufrido y sufrimos Gallardos, Ortega Smiths, Cayetanas, Ayusos, Abascales, Mazones, Monasterios, De Meers, Figaredos y un amplio abanico de personajes difícilmente dotados de sentido común, aficionados a la gratuidad de la patraña, pero desde luego, y sobre todo, carentes de la más mínima empatía.

Desafortunadamente, el futuro no pinta más halagüeño. Viendo las imágenes de las comparecencias del inquilino del trono de Washington y las réplicas de su troupe en nuestro país, azuzada por los Ndongos, Alvises, Quiles y Desokupas que mueven masas sin apenas mover un dedo, especialmente de jóvenes sin memoria histórica, se sienten escalofríos.

Pero no solo sobrecogen ellos. Aterran los cientos de miles que llevan detrás, como ratones tras el flautista de Hamelín, convencidos de que en España vivimos una dictadura y que la única solución es poner nuestros destinos en manos de los Trump españoles. Porque eso es lo que les venden y lo que ellos compran.

Sus rostros, sus ojos, sus consignas, su agresividad, sus frases irreflexivas leídas en redes sociales y repetidas a gritos en los incidentes de Torre Pacheco o hace unos días en la Universidad Autónoma de Barcelona, merecen un estudio sosegado sobre qué hay que cambiar al otro lado.

Es urgente revisar qué estamos haciendo mal los que tenemos recuerdos de cómo era la vida antes de la decadencia política de hoy, los que caminamos mirando hacia adelante y observamos con estupor lo que sucede cada día; los partidarios del progreso y el avance social; los que echamos de menos las formas que se han perdido y lloramos la cultura, la empatía y la educación que se denigran.

Porque algo estamos haciendo mal para que Trump y sus ratones estén donde están.

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