Los presupuestos y Alberto Chicote

Los presupuestos y Alberto Chicote

Lo más comentado este lunes en Castilla y León no son los presupuestos para 2026, sino el vídeo en modo «declaración institucional» —es decir, el monólogo del político de turno, sin lugar a preguntas (a modo plasma de Rajoy)— que en este caso protagoniza el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, cual llanero solitario reclamando apoyo a los suyos (a sus presupuestos, ese galimatías), aunque en realidad pide apoyo a los que no son «los suyos» (al resto de grupos políticos en las Cortes, que son los que tienen que darle el sí o el no, como el «me quiere» o «no me quiere»).

Los presupuestos de cada año son un dolor de muelas para los propios políticos y para los periodistas, así como un documento incomprensible para la mayor parte de la ciudadanía más allá de los técnicos que los elaboran al dictado de lo que les dicen que tienen que hacer.

Tomos y tomos de buenas intenciones acompañadas de sus respectivas cifras, siempre (incluso en los de los gobiernos de derechas) basados en «lo público», «los más vulnerables», «las familias» y etcétera etcétera. Son el tocho de papel, vaya, sobre el que el gobierno correspondiente se supone que hace el diseño de su política: me gasto más en esto y menos en lo otro, aunque de ahí a la realidad haya una eternidad.

¿Los presupuestos? «Los más»

Desde que el mundo es mundo, todos los presupuestos son «los mayores de la historia», «los más sociales», «los más inversores», «los más transparentes»… o sea, «los más». Es decir, que ningún gobierno en su sano juicio dirá nunca que no son «los más», pero vete a saber lo que hay ahí dentro, porque podríamos hacer un recuento de cuántos de los que tienen que votar a favor o en contra se los han leído enteros, así como de cuántos de los que tienen que contar en qué consisten o cuántos de los que van a sufrirlos han pasado de sus primeras páginas.

El año pasado por estas fechas, el presidente Mañueco ni siquiera llegó a someter sus presupuestos (es decir, ese documento sin valor alguno hasta que la mayoría lo bendice) al juicio de quienes tenían que dar el sí o el no. Vamos, que se marcó el triple de decir que los presentaba, pero al final, ni los presentó siquiera, porque sabía que no tenía los apoyos suficientes (una vez que Vox salió corriendo del gobierno) para que se los aprobaran, y no hay nada más feo que comparecer con tus presupuestos y que te los rechacen. Bueno, sí; alguna cosa peor hay: comparecer en el Congreso siendo Carlos Mazón.

Y vino Chicote

Este año (otra vez) Mañueco se ha hecho una «ronda» con los portavoces de los grupos a ver cómo respiraban (otra vez) y para finalizar la performance tras el aluvión de enmiendas a la totalidad (que es lo mismo que Alberto Chicote diciendo a gritos «devuélveme esto a la cocina, que así no me lo como»), hoy ha decidido circular un vídeo que le han grabado en su cocina pidiéndole a los políticos que no son suyos (es decir, PSOE, Vox, Podemos, Unión del Pueblo Leonés, Soria Ya, Por Ávila y el ex-Ciudadanos Francisco Igea, el resto del Parlamento autonómico) que se coman el plato y no le presenten objeciones, o, a poder ser, las menos posibles, que no está el horno para bollos.

Teniendo en cuenta que en marzo hay elecciones y que este sería (o será) el segundo año en que Castilla y León no tendría presupuestos, tiene toda la pinta de que Chicote va a hacer volar los platos por el hemiciclo con ese temperamento suyo y lo extraño sería que se conforme con que le cambien la guarnición.

Queda por saber si esta vez el presidente se arriesgará a presentar sus tomos en el hemiciclo y cuáles son las conversaciones que mantiene con sus antiguos aliados de la ultraderecha de cara a la primavera.

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