MERCEDES CERVIÑO BRUÑA – ZAMORA
A Nora Ephron le enseñó su madre que toda la vida es material de escritura, y aquí estoy, escribiendo sobre lo que he vivido este verano en el lugar donde descanso y desconecto de todo un año de trabajo.
Porto no solo es un lugar en el mapa: es el pueblo de mi familia materna, el refugio al que vuelvo cada verano buscando calma y sosiego. Pero este agosto de 2025, ese refugio se convirtió en un escenario de inquietud y angustia. Nunca había visto un fuego tan de cerca; sentí dolor, rabia e impotencia, pero sobre todo una pena profunda.
Todo comenzó por un rayo que, dicen, cayó cerca del Prao do Poio, un ‘prao’ que perteneció a mi familia, en plena sierra de Porto. Provocó un incendio devastador que arrasó gran parte de los montes de la Alta Sanabria, cruzó la frontera con Galicia y dejó a su paso un paisaje negro, lleno de humo y cenizas.
Se ha perdido parte del sustento de familias ganaderas y han muerto animales que vivían en esas montañas; ha afectado a miles de hectáreas, árboles y vegetación.
Pero no solo lo visible desalienta: ha sido una desgracia que ha quemado también parte de lo que somos, de nuestra memoria.
La naturaleza ha gritado fuerte. Porto ha sido testigo de este grito. El cambio climático nos avisa, y nosotros seguimos mirando hacia otro lado, buscando un culpable y negando la evidencia. No son tragedias locales que ocurren en lugares lejanos del mapa. Estos incendios nos avisan de que nuestros bosques, montañas, pueblos, animales y vidas están en riesgo si no cambiamos. Nos recuerdan nuestra fragilidad.
Tenemos que responder todos nosotros: instituciones, vecinos, visitantes, con hechos, con un compromiso real de cambio y acción. Porque Porto, Sanabria, Galicia… no son solo lugares hermosos: son parte de lo que somos. Y si no los protegemos, si no aprendemos de lo que ha ocurrido, entonces estaremos condenados a repetirlo. Cuidemos de lo que amamos.
Quiero dar las gracias, de corazón, a todas esas personas que trabajan incansablemente para apagar los incendios: bomberos, brigadistas, voluntarios, personal de emergencias y vecinos que se suman sin pensarlo. Toda mi admiración y respeto. Cuidemos también de ellas. CUIDÉMONOS.

