QUILAMA – VALLADOLID
Dos meses y medio desde las elecciones esperando que Feijóo y Abascal decidan qué hacer con nosotros
«Si tomamos como referencia el 15 de marzo de 2026 y contamos los días transcurridos hasta el 31 de mayo de 2026, han pasado 77 días», dice ChatGPT.
ChatGPT no sirve para mucho más, pero para contar días y hacer operaciones matemáticas simples te ahorra coger la calculadora. Así que, sin coger calculadora y según la IA —que ahora mismo es el summum del conocimiento— esos son los días transcurridos desde las elecciones de Castilla y León sin gobierno en la comunidad, como una siesta de esas «de pijama y orinal», o sea, a pierna tendida y sin despertador, porque, ¿qué prisa hay?
Primero fueron las negociaciones de gobierno entre la derecha y la ultraderecha en Extremadura y Aragón; luego las elecciones andaluzas y ahora ya no sabemos lo que es.
¿Hasta cuándo?
«¿Hasta cuándo?», se pregunta el periodista Pedro Vicente en el último artículo de su blog, y añade: «Todo esto ocurre porque 43 años después de su restauración (Tordesillas, mayo de 1983), las Cortes de Castilla y León, su Reglamento, no contemplan plazo alguno para celebrar la sesión plenaria de investidura, cuya convocatoria constituye potestad exclusiva del presidente de la Cámara, el mencionado Vázquez, a la sazón subordinado orgánico del candidato Mañueco en tanto que este preside el PP en esta comunidad autónoma«.
En cristiano: que las Cortes de Castilla y León las preside Francisco Vázquez, del PP, colocado en ese puesto por el que tiene todos los boletos de la tómbola como candidato, es decir, Alfonso Fernández Mañueco, también del PP, elegido sin mayoría absoluta, pero con mayoría, por los habitantes de esta comunidad autónoma, de modo que entre el PP en las Cortes y el PP en el seno de la Junta, no hay prisa hasta que alguien ahí abajo (en el PP de Madrid) decida que sí, porque los de Génova y los de Bambú hayan llegado al acuerdo de cómo dirigir nuestras vidas, aquí, al norte de la península.
Hace cuatro días, el 27 de mayo, la periodista Laura Cornejo insistía en su cuenta de Twitter (no por primera vez): «Vistas las previsiones del jueves, tampoco habrá gobierno. Podéis salir a beber» —porque hay que tomárselo a risa, no queda otra, añadimos desde aquí—.
Quinielas las que quieran, pero poca sorpresa
No diríamos que en esta espera estemos en un sinvivir, porque al margen de las quinielas sobre los sillones que PP y Vox vayan a repartirse —que si los ultras volverán a pedir Agricultura, que es donde saben que tienen ciego al pueblo llano; o Cultura, por castigar a los rojos rebeldes; o Educación, por contrarrestar con prioridad nacional el adoctrinamiento feminista— se espera poca sorpresa.
Pero sí que preocupa un poco —digámoslo así— que estén pasando los meses mientras el «team Mañueco» sigue disfrutando «en funciones» a las puertas del verano, cobrando por cubrir el expediente con la banderita de «no me estreses» mientras, por ejemplo, la época de peligro alto de incendios está encima, el consejero Quiñones escenificando sus cosas y el operativo desmantelado, como siempre o más, porque hasta la patronal de las empresas subcontratadas se le ha rebelado hace unos días retirando a casi mil de sus efectivos de la lucha contra el fuego, que no tardará en prender.
«¡Ábate!», que dirían Delibes y mi padre, el único al que le escuché ese término que advierte: «¡Cuidado!»
Así pasan los días y las semanas. Y los meses, sin que se sepa nada más que las fotos de los que están en funciones visitando cosas aquí y allá, sonriendo y esperando que caiga la breva.
Y «el mausoleo» —que así se conoce al exagerado edificio construido en Valladolid para albergar las Cortes de Castilla y León, en el que miles de metros cuadrados ocupan el espacio que ni siquiera sueñan, en una mínima parte, millones de ciudadanos para habitar— «sigue de vacaciones», dice Pedro Vicente, «desde Navidad».

