MAPVA reclama «ocupar el espacio»; la necesidad de ser nosotras, de estar nosotras, en los espacios públicos
«Si nos va bien, ya sabéis… nos hemos arrodillado; no hay otra», lamenta Olaya, pianista. «En las artes escénicas, hablando de actrices, es más fácil encontrar referentes, pero la gente sigue dirigiéndose a un compañero técnico, porque es hombre, cuando soy yo la que dirige el espectáculo», añade Béatrice, actriz y directora.
Ambas son parte de la asociación de Mujeres Artistas Profesionales, MAPVA, que nació en 2021 como germen implantado en las adustas tierras vallisoletanas con vocación de crecer y extenderse por Castilla y León y por España, ese escenario tan disputado que ellas reclaman, como tantas otras mujeres profesionales en rebeldía.
Su núcleo fundador, un trío formado por Olaya Hernando, pianista, Arancha Hernández, chelo, y Nuria García Novo, flauta, que es quien preside la asociación, lleva diecisiete años difundiendo a esas mujeres compositoras que nunca existieron para el gran público y que ellas se empeñan en mostrar.
Después se unieron Lola Eiffel, bailarina, Elisa Rodríguez, artista visual, y muchas otras —hasta setenta mujeres de todas las artes— unidas por la red femenina, y feminista, que intenta saltar la barrera del desconocimiento: «ni entre nosotras alcanzábamos a conocer el trabajo de las demás», dice Nuria.
La idea era darse a conocer, aunarse, crear una red de apoyo segura que, a falta de difusión externa, se apoyara desde dentro. Pretenden, como red, intermediar con las instituciones y sumar talentos para crear en común, generando espectáculos entre todas.
«No solo somos marzo o noviembre»
El arte no está bien valorado, ni remunerado como debería, ni siquiera reconocido, reza Nuria, entre el lamento y la reivindicación. «Nosotras siempre tenemos que luchar contra las programaciones y la competición absurda con las amateurs, porque ellas y ellos, muy respetables, y nosotras, que somos profesionales, deberíamos tener nuestros propios espacios, diferentes».
«Somos mujeres muy cualificadas, que necesitamos formar parte de un entramado económico, porque no es un hobby a lo que nos dedicamos; nuestra carrera artística no es solo una vocación, sino un trabajo que tiene que ser remunerado, y, sin embargo, en las programaciones se recurre cada vez más al amateurismo, lo que lleva a una falta de pensamiento crítico, porque no programarnos y programar solo a los aficionados nos lleva a esa falta de peso en el entramado social«.
Pero su reivindicación va más allá: falta de espacios, falta de ayudas económicas y falta de una programación coherente. «Me refiero», dice Nuria, «a que solo se nos programa en marzo o noviembre, y el trabajo de la mujer es igualitario y no solo se puede programar como ‘festival de primavera'». La financiación, cuenta, es mínima y a veces pierden dinero para poder trabajar.
Al estereotipo de la maternidad o los cuidados como patrimonio femenino que todas sufrimos, ellas suman que su trabajo no tiene horario de oficina, lo que conduce a muchas artistas a dejar de lado su carrera para ser cuidadoras. «Solo queremos trabajar de lo nuestro sin que nos veamos obligadas a dejarlo de lado y, por tanto, se pierda ese talento», enuncia Nuria.
«Juntas se puede», asevera, y ahí está el nudo gordiano. Nuria y sus compañeras tienen en mente ampliar esa red artística en femenino mucho más allá, al resto del país, como una «recopilación de trabajo y puesta en común», aunque la financiación cueste cada vez más, porque en esta comunidad autónoma cada vez cuesta más.
«No se pone en valor el trabajo artístico de la comunidad»
«No se pone en valor el trabajo artístico en la comunidad; yo soy gallega y en Galicia nos dijeron que para los de fuera había un veinte por ciento del espacio y el ochenta por ciento restante era para compañías de Galicia… y eso es así en todas las comunidades, menos en Castilla y León», continúa Nuria, «y de ahí que se produzca la fuga de talento: de la falta de apoyo».
Nuria siente infinito, y se le nota, que en esta tierra eso no suceda; que los talentos, de todo tipo, pero sobre todo los femeninos, se difuminen en las sombras. «Nuestros trabajos tienen que ver con nombrar a las referentes, con hacer justicia a muchas mujeres que en su momento fueron reconocidas y que silenció la historia, porque lo que no se cuenta, no pasa».
Y cuando se le pregunta si el machismo se vive más en este sector que en otros, Nuria responde: «No, yo creo que se vive en todos; ocurre que nosotras, como mujeres, tenemos que demostrar más siempre; que el nivel de exigencia siempre es más, que nunca somos mejores que Mozart, pero hubo muchos que tampoco lo fueron».

