Cómo es la adolescencia

Cómo es la adolescencia

MARÍA MOLA – BURGOS

Imposible sufrir más vergüenza cuando la metedura de pata no te es atribuible. Así lo sentí cuando me perturba un vídeo en el que preguntan a una joven “qué ciudad atravesaba el famoso muro de Berlín”. Ante su silencio, quien interroga ofrece la ‘pista’ Lon y ella completa, muy ufana, dres. Este tipo de documento sirve a una gran mayoría para apuntalar su teoría de que la juventud es analfabeta y que anteriores políticas educativas —por lo que sea, las que vivió quien lo comenta— son infinitamente mejores que las actuales.

Sí y no. En primer lugar, si hubiera una evaluación de cultura general, a ver cuántos de los que ahora ríen entre la incredulidad y la indignación la superarían. En segundo, siempre se establece equiparación entre conocimiento e intelectualidad y madurez, y esto tampoco es así. El cuñado de pro suele ser el rey de los quesitos del Trivial, si no, no daría la murga todas las nochebuenas para que los somnolientos familiares se sumen al tablero. Retener datos no garantiza saberlos cruzar y destripar; podría este hecho revelar únicamente una acusada capacidad memorística o un proporcional esmero por jactarse de ser el más leído y cultivado de su portal.

Son infinitamente más problemáticas las carencias en la reflexión que no contar con la mera compilación de ítems en el Excel cerebral, y es que esto segundo se puede ejercitar en cualquier etapa vital, aunque por supuesto requiera mucho más esfuerzo a medida que se pospone. El inconveniente mayor del reino es contar con críos y crías que sean incapaces de describir, relacionar o argumentar. Ante ese vacío, las ideologías más perversas colonizan su territorio. El vídeo fácil colmado de bulos triunfa y es que los principios de Goebbels son infalibles y, al parecer, eternos: orquestación, simplificación y repetición.

No solo eso, en la etapa adulta se comete un fallo que no pasa desapercibido para menores y adolescentes: la absoluta negativa a admitir que un determinado campo te es ajeno y que, por tanto, no es prudente emitir opinión. Pareciera que esa no es una opción válida cuando, de hecho, es la más responsable. Asumir un argumentario por parte del oráculo de turno —escritor, periodista o influencer— es una ‘contraaportación’ al debate. La fuente no tiene por qué garantizar el rigor, aunque se ha de tener en cuenta que determinados opinadores sí son aval de que eso que aseguran no es cierto.

«Lo transgresor y lo rupturista es tener 15 años en el DNI y 90 en el alma»

Es el caso de los agitadores de ultraderecha, que ahora cuentan con una gran acogida por parte de adolescentes: de traca. Porque por lo visto ahora lo transgresor y lo rupturista es tener 15 años en el DNI y 90 en el alma. En su defensa procede alegar que debería haber cierta condescendencia con el mermamiento mental en esa etapa; el verdadero drama es que así sea cuando ya te encuentras en plena adultez. La falla intelectual es mucho más profunda y enrevesada. Inculcar la relevancia de fraguar un razonamiento mesurado y no contagiarse de opiniones es el reto.  Así que cuidado con anhelar y alabar la capacidad de recitar los reyes godos o las preposiciones sin necesidad de inhalar porque esa tampoco es la solución.

Cómo es la adolescencia es una consecuencia de nuestra educación, la reglada y la que no, así que toca asumir el declive y redimirse con la enseñanza de la escucha, del respeto, del equilibrio. De lo contrario, la adolescente cuestionada detectaría de forma inmediata la trampa —por cierto, de una sofisticación insuperable, tampoco anda el chico para mofarse de nadie— pero sin conocer por qué ese muro se levantó y derruyó. Nada menos.

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