Sin apenas apoyo institucional ni mediático, un equipo de solo tres personas trabaja desde hace casi veinte años por sacar a la luz lo que vive a la sombra de Castilla y León
El programa de actividades para este año es inabarcable, así como su trayectoria, y detrás de todo eso están solo tres personas: María Luisa Municio, a cargo del Ateneo Cultural; Ana Peña, con todo lo que entronca con archivo y memoria histórica y Luis Fernández Bayón, batuta en mano, dirigiendo la orquesta de la Fundación Jesús Pereda, nacida en 2007 en el seno del sindicato CCOO Castilla y León sin apenas apoyo institucional ni mediático.
Este pequeño —pero enorme— equipo trabaja desde entonces en la inmensa empresa de sacar a la luz todo lo que vive en la sombra de esta comunidad, lo que se enterró durante mucho tiempo y lo que ahora se pretende dejar enterrado. En su haber son incontables los proyectos de éxito que van poniendo ladrillos en la construcción de un edificio aún por levantar con el mortero de la cultura, el feminismo, los derechos, la conciencia política, la memoria y la justicia social que tanto discurso antagónico cosechan en tiempos difíciles.
«Trabajamos por la difusión, por llevar la cultura a espacios a los que no se ha llevado hasta ahora, sacando del sindicato el máximo de actividades, expandiéndola fuera de las ciudades», explica Bayón poniendo sobre la mesa la programación que presentan para este año, en la que define como una «nueva etapa» tras su primera reformulación en 2017, que pone el acento en colectivos, referentes, estudiosos y autores de enorme relevancia dentro y fuera de Castilla y León a los que coloca delante un altavoz que, lamentablemente, no siempre tiene la repercusión esperada.
El público objetivo de todas las actividades que se programan, enfocadas al debate y la transmisión del conocimiento con una necesaria vertiente sociopolítica, no es solo el que pueda acudir a este tipo de eventos en las capitales, sino que se despliegan tentáculos en los barrios, los pueblos y los diferentes colectivos a través de convenios y colaboraciones como los alcanzados con Dialogasex o el proyecto Entrelíneas del Barrio España de Valladolid, universidades, FECEAV o grupos referentes en comarcas de todas las provincias de esta interminable comunidad autónoma, que, como bien se sabe, es la más extensa de Europa.
La memoria democrática y el feminismo
Hay temas transversales que pivotan sobre toda la programación, porque pivotan sobre el planeta. Son imprescindibles en el nuevo y detestable orden mundial de las guerras libradas por motivos económicos y espurios que nos acosa más allá de nuestras fronteras, pero que no deja ni dejará de estar presente en nuestras vidas, vivamos donde vivamos.
La memoria democrática y el feminismo, por ejemplo, presiden la programación como temas esenciales en la conciencia humana. «Los debates del ciclo ‘Locos años veinte’«, interviene María Luisa, «son espacios en los que las especialistas son solo mujeres, precisamente para incidir en la idea de que no siempre hace falta un varón que nos ilumine».
Artistas, escritoras, pensadoras e investigadoras y otros animales mitológicos —considérese el tono irónico— pueblan de repente las escuelas de arte, las aulas y otros tantos escenarios en los que hasta hace no tanto se les discutió habitar. Luis y María Luisa cuentan que se pretende hacer de las mujeres un referente más allá del 8 de marzo y el 25 de noviembre, que la sociedad en la que vivimos enfoque la memoria obrera de las mujeres a través de obras como «Galleteras», de Laura Sanz Corada, o «Hijas del hormigón», de Aida dos Santos.
Lo que debería desaparecer
Ana toma el hilo de la conversación para explicar el proyecto «Debería desaparecer», un ignoto mapa castellano y leonés que crece desde 2020 en esa Castilla y León en la que siguen enhiestos, a día de hoy, monumentos franquistas como la Pirámide de los Italianos que Vox salvó de la justicia de la memoria democrática, desde el gobierno compartido con Mañueco, mediante una declaración de Bien de Interés Cultural con tramitación más que sospechosa.
«Es un proyecto participativo, con mucho feedback«, dice Ana, «mediante el que recibimos espontáneamente de la ciudadanía símbolos que no están registrados, que aparecen geolocalizados en nuestro mapa y enriquecen la base de datos, al tiempo que mantenemos otros que han sido retirados, de modo que vamos viendo cómo se va progresando». Actualmente, explica, se están firmando convenios con asociaciones memorialistas para que ellas mismas puedan ir actualizando la información, entre ellas con la Plataforma Calles Dignas – Maestra Justa Freire de Madrid.
«Esto es el mayor catálogo que hay ahora en España de elementos y simbología franquista que debería de haber desaparecido y no desaparece«, una página que ha recibido premios de diseño y de visualización de datos y es un referente en conocimiento compartido, añade Luis. Ahí es nada.
¿Qué apoyo tenéis ahí fuera? pregunto. «Ninguno», responden, «presentamos proyectos a algunas subvenciones en concurrencia competitiva y algunas nos las dan y otras no, evidentemente, pero son muy poquitas».
Y esa es otra historia.

