Cuando recibes un email que te dice que ya tienes el Buscyl se te pone cara de persona feliz, como si te hubiera tocado la lotería. Ves una tarjetita digital blanca y roja en la que pone tu nombre y te dan ganas de dar palmas con las orejas, porque aquello supone (se supone) que vas a poder viajar gratis en autobús por Castilla y por León hasta que te aburras y hasta no sé cuándo. Yuju. Te ha venido dios a ver.
Dios es Alfonso. Así se llama. Y se apellida Fernández de primero y Mañueco de segundo.
De todos los nombres de dios te acuerdas la primera vez que vas a intentar usar el Buscyl, porque llamas al teléfono de atención al paciente (que toca ser paciente) para preguntar cómo se hace esto y te dicen que no saben y que tienes que llamar a la estación de autobús de tu ciudad.
Así que te armas de paciencia, como a un paciente corresponde, y te pones a llamar a la estación de autobús y claro, ¿qué esperabas?, no contesta nadie. Una, dos, tres, cuatro veces por la mañana, y por la tarde otras cinco o diez. Nada. Llegas a la conclusión de que la estación de autobuses de tu ciudad la ha bombardeado Netanyahu.
Siguiente pantalla: Preguntas a amigos y familiares que cómo se hace esto. Nadie sabe, porque el chollazo se ha puesto en marcha tan deprisa y corriendo que a estos votantes, pobrecitos míos, no les ha dado tiempo a probar. Madre de dios de mi vida y de todos los santos, que viene marzo de 2026 y resulta que aquí estamos, con la tarjetita digital y sin saber cómo funciona ni qué hacer con ella. Que alguien nos ayude.
Al final, alguna persona de tu círculo cercano te cuenta que ha ido a la estación —en esta época de certificados digitales y el todo-online— y de ventanilla en ventanilla ha conseguido que le reservaran una plaza en un autobús de Salamanca a Valladolid para el día siguiente, con lo cual una imagina cómo será intentar que te reserven una plaza en el autobús de Alcubilla de Avellaneda a San Esteban de Gormaz o de Magazos a Arévalo.
Así que pasan cosas como que si no vas días antes presencialmente y tienes la suerte de que haya algún alma caritativa en alguna ventanilla abierta, pues llegas con un cuarto de hora de antelación a la salida del autobús y hay una cola de setenta personas delante de ti ante la puerta del vehículo. Por supuesto, cuando te va llegando el turno de mostrar tu QR al conductor, el autobús está lleno y te quedas fuera en plena noche.

Ahí empiezas a darte cuenta de que esto va a ser una lotería de verdad, porque aunque tengas los trayectos gratis, puede que viajes o puede que no. Bienvenidos a la aventura del Buscyl.
Cuando se llama al servicio de información 012 de la Junta de Castilla y León no te pueden ayudar mucho más. Lamentan lo que te haya pasado y te dirigen al apartado de quejas de la página web, pero confirman que “a día de hoy” no hay otra solución que plantarse en la estación o parada que corresponda lo antes que se pueda y rezar el rosario.
Si se trastea buscando alguna aplicación móvil se encuentra una que se llama “Buscyl menor de 15 años” bajo la que puede leerse: “Que alguien me avise si funciona, porque al estar registrado, voy a iniciar sesión y me da error”. La risa.
Para mayores de 15 no hay opción, y —continúa la amable operadora del 012— “a día de hoy” no parece que la vaya a haber.
A la sufrida persona al otro lado del teléfono no le ha llegado la noticia de que hace un par de días el responsable de los transportes del Gobierno de Castilla y León pudo prometer y prometió que se iban a hacer mejoras, porque sí es verdad, dijo, que se están detectando algunas “incidencias” en líneas de alta demanda. El consejero de Movilidad se lanzó incluso a ponerle fecha al nuevo sistema de reserva de billetes que aseguró se está desarrollando con “empresas tecnológicas” para “cubrir esta carencia”: este mes (octubre, se supone, apunten).
Así que, a falta de que el equipo de Mañueco tome las riendas del desaguisado y ponga en marcha un sistema centralizado de consulta y reserva de billetes, de momento se te sugiere que contactes con las empresas de transporte, que algunas tienen opción de reserva on line y otras no, si no quieres quedarte en tierra.
Efectivamente, señoras: una lotería.

