Quiñones y Carnero en primer plano: ¿Qué podía salir mal?

Quiñones y Carnero en primer plano: ¿Qué podía salir mal?

En Valladolid no ha llovido este lunes, pero ha caído un jarro de agua fría. En la fotografía, tomada en la reunión del Consejo de Administración de la Sociedad Valladolid Alta Velocidad en la que desde años inmemoriales se discute si soterrar el tren a su paso por la ciudad o integrarlo en superficie (y sobre todo cómo pagarlo), tenemos en primer plano a los máximos representantes de la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento: el consejero de los incendios, Juan Carlos Suárez Quiñones y el alcalde-senador, Jesús Julio Carnero, ambos del Partido Popular.

Al otro lado de la mesa se cuela entre los dos el exalcalde y ministro de Transportes actual, Óscar Puente, del PSOE, seguramente sonriendo porque aún no había comenzado la reunión en la que ha volado por los aires el acuerdo entre las administraciones para hacer de Valladolid una ciudad más amable.

Lo del soterramiento viene de tan lejos que casi ni nos acordamos las más viejas del lugar.

Ni los más viejos, entre ellos el también exalcalde Javier León de la Riva, que llevó el soterramiento del tren entre los dientes en cada convocatoria electoral durante décadas, mucho antes de que Carnero lo rescatara del olvido de aquel cajón en el que se escondían los 400 millones de deuda que lo hacían imposible. Pero ya ven, con esa promesa imposible ganó las elecciones en 2023 y a ella sigue aferrado, por consiguiente.

¿Qué podía salir mal? Cargos políticos que sonríen en las fotos, pero enzarzados entre sí tirando de Valladolid y las vías de su tren de ambos brazos hasta descuartizar la muñeca de trapo, finalmente, en algo que parece que ya no tiene marcha atrás.

No es de extrañar, teniendo en cuenta las rivalidades políticas. Pero mucho más curioso es que ni cuando todos en la mesa formaban parte del mismo partido fueran capaces de poner en marcha el macroproyecto.

La hemeroteca es implacable. crisis aparte. Y ahí lo tienen, en una página entera de El Norte de Castilla de 2013, que es la hemeroteca de la ciudad.

Así pues, si tenemos claro que el soterramiento del tren en Valladolid (salvo en la mente de Jesús Julio Carnero y pocos más, cada uno sosteniendo la bandera de sus propios intereses, que no son los de todos) es un brindis al sol, ¿qué nos quedaba?.

La integración, mediante la construcción de nuevos pasos sobre y bajo las vías, le había empezado a poner nueva cara a los espacios, enclaves de cruce cuyos nocturnos túneles del miedo iban desapareciendo.

Pero no, amigos, ya no podrá seguir conectando unos barrios y otros ni seguirá adelante, porque la parte contratante de la primera parte sigue empeñada en paralizar lo que se inició en 2017 con el anterior equipo de gobierno municipal.

«Aquí terminó la historia», dice Puente, al estilo de «ahí murió el caballo», que dice una amiga nuestra.

Todo es «voluntad de diálogo», todo es «negociación», pero solo sobre el papel. La realidad es otra.

En el fondo del asunto están la sinrazón, los intereses políticos y el enconamiento: ¿derribar un puente que se cae a cachos para transformar su entorno sobre el tren y dejarlo accesible?

¡Qué va! El Ayuntamiento se opone tan rotundamente a todo, que desde que el alcalde-senador Carnero se sentó en su sillón, todos los proyectos, con financiación prevista y asegurada en el banco, duermen el sueño de los justos, así que nos gastamos mejor un par de millones de euros en arreglar el viejo Arco de Ladrillo, a ver si así nos aguanta tres décadas más.

¿Una nueva estación en la que el Ministerio de Puente se va a gastar más de 250 millones de euros? Pues tampoco. Carnero amenaza con oponerse en los juzgados, porque si eso se construye no solo Valladolid ganará, sino que él perderá.

Cuando todo esto se recuerde, algún día, las generaciones que ahora juegan a la pelota contra los muros que separan un lado y otro de Valladolid, sentirán vergüenza. Pero sus padres y sus abuelos sentenciarán el futuro antes, en las próximas elecciones.

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