Ábalos y el puterismo

Ábalos y el puterismo

MARÍA MOLA – BURGOS

No hay rincón de bar de bien en el que no resuenen las mayores maldiciones hacia el malvado Ábalos. En los mismos recovecos intentan quienes se han proclamado alguna vez socialistas disimular su incomodidad o interrumpir los discursos exaltados contra el exministro invocando que el PSOE no es sólo él.

No pretende esta reflexión reprobar al ‘reprobante’. Lo que ha demostrado el otrora responsable ministerial —que en cada comparecencia sobre memoria histórica solo le faltaba pedir disculpas por su exceso de empatía— es ser un miserable; un ser inmundo. 

La retahíla de adjetivos es seguro suscrita por la firmante de estas líneas. Elija usted el insulto; es enormemente improbable que este fuera injusto, hiperbólico o que no lo describiera. Es, sin embargo, qué pecados aúpan el mercurio del indignómetro lo que apena.

Del personaje joden con mayor intensidad sus robos y traiciones como alto dirigente de la formación socialista y miembro del Gobierno que su puterismo y su mercadeo con las mujeres. Es más, en numerosas ocasiones el cuñadismo más auténtico verbaliza la coletilla que todo lo altera: “con el dinero de los españoles”.

¿En serio? No se sabe exactamente qué significa eso; supongo que en muchos casos es una confesión: quien aquello verbaliza es probable que sí haya sido/sea putero: lo condenable es prostituir con fondos robados.

Los conocerán porque suelen acompañar esa sesuda apreciación con lo que estiman puede ser lo más progre que salga de ese argumentario cincelado a golpe de berrido de sus camaradas o cuenta en redes que saben que es fuente fiable, sin fisuras, por un motivo incontestable: son origen y destino de sus cuñaladas.

“Muchas lo hacen porque quieren”. ¿De qué estudio bendecido por todos los rigores de la sociología se extrae esa conclusión?

Manolo lo ha sentenciado entre chato y chato y/o el influencer de turno lo ha publicado. ¡Cómo no dar por buena una afirmación dada a luz en ese contexto!

Así que es infinitamente más inmoral meter el cazo que hablar con el escombro ético que es tu asesor de la mujer a la que le espera tu ansia prostuidora como si se tratara de elegir los ingredientes de una pizza.

Es más, le da ese toque torrentil y peliculero que invita a encontrar algo divertido y paródico en el tiparraco que debe ser lapidado por lo que realmente encabrona: robar al contribuyente.

Es más, en esa hilarante sinopsis que se realiza sobre él se mezclan churras con merinas: no, ser una pareja de mierda y ser infiel por deporte no puntúa lo mismo. Ser putero no es el aderezo de un ladrón. Ser putero está a años luz en el plano de los contravalores de ser un ladrón.

Para todo hay grados, y que esto parezca no estar claro es terrorífico.

Si no, pregunten al amigo de Manolo qué prefiere: ¿que a su hija un torrente le robe, la desplume por completo o que ponga un billete entre su cuerpo antes de penetrar el de ella?.

Por lo que sea, el tanteo lo incomodará tanto que lo hará sentirse violento, insultado. Por lo que sea, los manolos y amigos de estos nunca son padres de esas mujeres que aceptan, consienten y se ponen a tiro para tan razonable negocio. 

Mucho queda antes de que oigamos bramar por lo importante. Mientras, cojan aire, los ‘qué másqueréis’ que nos quedan…

Qué penita, de verdad.

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